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sobre ruedas

Del pequeño coche al gran hermano

martes 31 de marzo de 2009, 14:43h
Aunque no hay aun mucha información sobre el modelo, sí que nos atrevemos a decir que no va a ser fácil que veamos por nuestras carreteras un “coche” de menos de 5.000 euros y que es casi menos que imposible que lo veamos más barato de 3.000, que es el equivalente a medio millón de las pesetas.

El Nano no es mucho más que un ciclomotor de 4 ruedas, esos microcoches que no necesitan carnet (permiso de conducir) y que son un peligro para los ocupantes y para los otros vehículos que comparten los viales. Adaptar el actual Nano a las exigencias de Europa (en USA es impensable que puedan llegar a utilizarse) en aspectos de seguridad activa y pasiva y en medioambientales no es que encarezca el producto final, sino que son necesarias tal cantidad de modificaciones estructurales y conceptuales que hacen poco menos que inviable el proyecto. Otra cosa es que “políticamente” interese vender a precios por debajo de coste. No; no seamos ingenuos: si la poderosísima industria del automóvil europea o japonesa es incapaz de fabricar un coche de menos de 6.000 euros, no es ni por márgenes de beneficios, ni por economía de escala, ni por costes laborales; se trata simple y llanamente de aspectos de calidad. No se puede vender el jamón de Jabugo a 1 euro el kilo: o no es jamón, o no es de Jabugo y el Nano no puede ser más que un excelente... chopped.

Y esta ofensiva contra los planteamientos de la industria poco tiene que ver con los cambios imprescindibles que se avecinan. Las destituciones o dimisiones de dos de los dirigentes más señalados, Christian Streiff en el grupo Peugeot-Citroën y Rick Wagoner, en General Motors, no son más que la punta de un iceberg del que desconocemos toda la parte que permanece sumergida. Los poderes públicos, desde Obama a Rodriguez Zapatero, siguen inyectando dinero público en empresas que sólo podrán salvarse si los ciudadanos se deciden a comprar; pero los ciudadanos no tienen dinero para hacerlo ni crédito para aplazar la compra. Así que nadie sabe la manera de romper este círculo vicioso que puede dejar en la calle a millones de ciudadanos y dejar en la bancarrota a gigantes como General Motors, líder mundial durante décadas.

La palabra clave es “intervención”. Lo leemos todos los días. Lo malo es que esa intervención no sólo se está produciendo en los ámbitos empresariales, sino en los conductivos. Y sobre estos aspectos, se han producido dos noticias en esta semana.

La primera de ellas es la retirada del proyecto de reforma del reglamento sancionador de las multas de tráfico. Un proyecto más de Pere Navarro, convertido en el Torquemada de nuestra era, empeñado en salvar nuestras almas pecadoras a base de castigos y convirtiendo en delincuentes a quienes se comportan con sentido estricto del orden. Pues bien, el proyecto de Navarro de reducir las posibilidades de defensa y de favorecer el pronto pago y la renuncia al recurso, no va a ser debatido en el parlamento ante la posibilidad de que el partido socialista no sea capaz de lograr los apoyos de otros partidos. Lamentablemente, esta nueva “intervención” no obedece al sentido común, sino a la aritmética parlamentaria.

La segunda noticia procede de la empresa privada y concretamente del sector asegurador. Resulta que Mapfre ha puesto en marcha un sistema de reducción de primas ideado para favorecer a los conductores más jóvenes, a los que pocas compañías de seguros quieren tener bajo su sombrilla protectora.

Los modernos sistemas de posicionamiento global y de almacenamiento informático permiten que un pequeño dispositivo guarde todos los datos de la conducción de un automóvil. Este pequeño aparato es capaz de decir cuántos kilómetros, a qué horas, por qué carreteras y a qué velocidad ha conducido un coche. Mapfre ofrece la posibilidad de instalarlo en el coche y ofrecer primas más baratas a los conductores jóvenes que conduzcan según determinados parámetros de seguridad. La idea no es mala..... pero aterradora. Hace 25 años que Orwell acuñó el concepto de “hermano mayor” mal traducido por “gran hermano”, como el vigilante permanente de nuestros actos. Lejos estaba el escritor indo-británico de sospechar que su imaginación se quedaba corta. Y aunque la compañía aseguradora tenga toda la buena voluntad del mundo, son actividades que rozan la protección a la intimidad, aunque sea consentida y retribuida.

José María Cernuda
[email protected]


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Pregunta: Cara a las próximas vacaciones he llevado a revisar mi coche, un Citroen C4. Entre otras cosas, le han cambiado el aceite, operación por la que me han cobrado 35 euros más sus correspondientes impuestos. Comentándolo con la persona de recepción me decía que se debía al aceite sintético, que es mucho más caro que el que no lo es. ¿Qué hay de cierto y qué ventajas tiene? (F.M.G. Madrid)

Respuesta: La verdad es que no me parece muy caro los 35 euros. Es más o menos lo que se cobra en un taller oficial de una marca generalista, porque en marcas premium pueden cobrar el doble o el triple de esa cantidad.... sin justificación alguna. Es como si el médico nos cobrase en función del nivel económico del paciente. Dicho eso digamos que hoy día todos (o casi) todos los aceites recomendados por los fabricantes son sintéticos o semisintéticos y que tienen precios muy altos; demasiado altos diría yo. No bajan de los 8 euros por litro.

Es verdad que son infinitamente más eficientes que los aceites minerales. Más estables, más resistentes a la temperatura y están aditivados para producir menos espumas, menos residuos y películas de protección mucho más finas, por lo que el peligro de gripaje es mucho menor. Por tanto, no lo dude y siga utilizando aceites sintéticos que, a la larga, la vida de su motor lo agradecerá.