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Obama y China: ¿hacia un G2?

martes 31 de marzo de 2009, 21:13h
Tras multiplicar su PIB por 15 en 30 años, China se ha convertido hace poco en la tercera mayor economía del mundo, superando a Alemania. Se estima que en unos cinco años dejará atrás a Japón. Y, de acuerdo con las últimas proyecciones de Goldman Sachs, en 2027 el PIB de China alcanzará al de Estados Unidos en valor nominal. Según la misma fuente, en 2050 el PIB de China sería de 75 billones de dólares y el de Estados Unidos de 40 billones, es decir, el PIB chino casi doblaría al americano. Hay que tomar estos pronósticos con gran reserva. Entre otras cosas, porque la crisis económica global, cuya solución el G20 intentará encauzar en su reunión de Londres, los va a afectar, aunque de forma aún no clara.

Inevitablemente un vuelco económico tan espectacular está empezando ya a tener consecuencias geoestratégicas, pues lo económico es, junto a lo militar, uno de los dos raíles sobre los que discurre el poder duro. Estados Unidos reconoció la potencia económica de China institucionalizando, los últimos años, encuentros periódicos de los principales responsables económicos de ambos países. Paulson acudía con media docena de sus colegas del gobierno americano. Fred Bergsten, dando un paso más, publicó en Foreing Affairs, en julio de 2008, un artículo con el expresivo título Un partenariado de iguales: como Washington debe responder al desafío económico de China.

En enero dos de los principales pensadores geoestratégicos norteamericanos, Kissinger y Brzezinski, escribieron sendos artículos en la misma dirección, evidentemente dirigidos a Obama en vísperas de su toma de posesión como nuevo presidente de Estados Unidos. En un artículo publicado el 12 de enero por el New Tork Times, titulado La ocasión para un nuevo orden mundial, Kissinger considera ya a China una gran potencia (la llama felow superpower), desaconseja el proteccionismo o tratar a China como enemigo (lo que llegaría a convertirla en verdadero enemigo) y pide que se eleven a un nuevo nivel las relaciones entre Estados Unidos y China, sobre la base del concepto de destino común, siguiendo el modelo de la relación trasatlántica tras la segunda guerra mundial.

Brzezinski, consejero de Obama, es aún más claro: pide la creación de un G2 informal entre Estados Unidos y China, en un artículo publicado el 14 de enero en el Financial Times, titulado El grupo de dos que podría cambiar el mundo.

Que Kissinger y Brzezinski dejen a las demás potencias en segundo plano no tiene nada de extraño. Rusia, con una población menguante, dependiente en exceso de su energía y sus materias primas, tiene un PIB que es sólo un tercio del de China, cuando el de la URSS en 1990 era dos veces y media mayor que el de China. El PIB de la India es algo menor que el de Rusia, y China les va sacando ventaja a ambas cada año que pasa. Japón, con escaso territorio, una población relativamente pequeña y una economía deprimida durante más de una década, verá su PIB superado por el de China en breve.

En cuanto a Europa, a la que Kissinger dedica sólo un pequeño párrafo en su artículo sobre el nuevo orden mundial (se encuentra a media camino entre el abandono del marco nacional y un nuevo marco político todavía no logrado –dice), sólo si es capaz de articular una verdadera política exterior y de seguridad común podrá competir con Estados Unidos y China. De lo contrario, incluso sus tres principales potencias jugarán en segunda división.

Así, en conclusión, la anunciada multipolaridad puede ser asimétrica, con dos verdaderas grandes potencias en la cúspide –con permiso, o por desistimiento, de Europa. ¿O es que vamos realmente hacia una nueva bipolaridad?

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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