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Los perdedores de la Guerra Civil

miércoles 01 de abril de 2009, 18:01h
Al hablar Antonio Machado de las Dos Españas, seguramente albergaba en su fuero interno el deseo de que se fusionasen lo antes posible en una sola. Pero no. Cuando se cumplen 70 años del fin de la Guerra Civil, los nietos de los perdedores se empeñan en desenterrar viejos odios que sus padres y abuelos sepultaron en pos de una España reconciliada. Vaya por delante que en cualquier guerra -y la Civil española no es una excepción- hay atrocidades por ambas partes. Durante los 40 años que Franco estuvo en el poder se silenciaron las del bando nacional. Posteriormente, el régimen de libertades que brindó la Constitución de 1978 cimentó una etapa de transición modélica, sentando las bases de la democracia. El PSOE de Felipe González gobernó durante 12 años, en lo que significaba la prueba definitiva de que los españoles miraban hacia el futuro.

Hasta el fatídico 11-M. Entonces, uno de los más brutales atentados terroristas que se recuerdan, manipulado indecentemente y a toda Prisa, contaminó los comicios del 14 de marzo de 2004, con el resultado del ascenso a la presidencia de José Luís Rodríguez Zapatero. Bajo su gobierno, todo lo que rodea a la Guerra Civil ha sido sometido a un revisionismo torticero y rencoroso, con el único objeto de echar por tierra años de perdón y reconciliación, y volver a partir España en dos -o en diecisiete, al ritmo que va-. El inexorable paso del tiempo reduce cada vez más el número de supervivientes de la contienda. Hoy, afortunadamente, todo aquello queda muy lejano, por más que algunos hagan lo imposible por acercarlo.

Ya se sabe la verdad. O las verdades. Las de Moradiellos, Pío Moa, Tusell, César Vidal o Ian Gibson. Cualquiera con dos dedos de frente reconoce sin ambages que una España hizo sufrir mucho a la otra, y viceversa. No hay familia en la que todos sus miembros perteneciesen al mismo bando. Las historias sobre un hermano en una trinchera frente a otro en la enemiga fueron numerosas. Poco importan. Prima el revanchismo. Basta con echar un vistazo a esa cartelera de paniaguados mediocres con sus películas sobre lo malos que eran los curas y los guardias civiles. Películas, por cierto, que nadie ve pero que todo el mundo sufraga vía subvenciones oficiales.

Puestos a pagar, también pagamos todos los trabajos de exhumación de las fosas comunes. Eso sí, algunos de ellos se detienen en seco, como en Alcalá de Henares, no vaya a ser que alguien encuentre los restos del malogrado Andreu Nin, dirigente del POUM salvajemente torturado y asesinado por sus propios camaradas republicanos. Cuyos descendientes, por cierto, acuden hoy a actos públicos en lugares tales como el Círculo de Bellas Artes, antigua “checa” donde los valientes defensores de la libertad daban buena cuenta de quienes osaban no compartir sus ideas. Claro, las “checas”. De eso no se habla. Ni de la quema de iglesias. Ni de las “sacas” y paseíllos. Ni de Paracuellos. No es políticamente correcto. Pero sí veraz. Y además, una ignominia que después de tanto tiempo se siga alentando la división en lugar de la confraternización, esa que los españoles demostraron que era posible después de haberse masacrado los unos a los otros. ¿No es hora ya de que los muertos, todos, descansen en paz de una vez? En 2009 se conmemoran los 70 años del fin de la Guerra Civil, pero también los 5 de la Conjura de los Necios, rematada con éxito el 14 de marzo de 2004. Pobre España.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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