Propaganda y economía
jueves 02 de abril de 2009, 10:13h
Si para José Luis Rodríguez Zapatero la economía es un estado de ánimo, como ha declarado no hace mucho, se empiezan a comprender muchos comportamientos del Gobierno que, de otro modo, son indescifrables por la lógica ordinaria y el sentido común. Ese estado de ánimo puede alterarse, como resulta sencillo de comprender. Y es fácil lograrlo –siempre según el guión de Zapatero– si se tiene la potencia mediática del Gobierno, bien pertrechada por multitud de medios de comunicación afines: basta con decir que aquí no pasa nada, para que comience la mejora. En ese caso, el deseo, bien expresado y orquestado, crea la realidad. Naturalmente, bajo esa perspectiva, cualquier mención a la marcha negativa de la economía supone un obstáculo a la recuperación y, por tanto, un acto antipatriótico.
El problema, no tanto para el señor Zapatero como para el conjunto de los españoles, es que la economía no es un estado de ánimo. Es una vieja idea esa de que la psicología determina la marcha de los ciclos económicos, pero ha sido desmentida por buenos análisis y por los hechos. Claro, que esta idea es no menos falsa que otras tantas que también defiende el Gobierno y que, igualmente, no resisten el análisis más somero.
No. Los problemas económicos son reales y provienen de causas reales, con independencia del estado de ánimo de los ciudadanos o de la propaganda del Gobierno. Es el caso de la situación financiera de nuestro país. Ha querido la suerte que la primera Caja en caer mostrara su cruda realidad ante los medios de comunicación poco ante de la reunión del G-20 –que comenzaba este miércoles– y, durante la cual, Zapatero pensaba poner al sistema financiero español como ejemplo a imitar por todos los demás, en ese estilo, entre propagandístico y burlesco, que ya ha provocado la ironía de propios y extraños, al querernos presentar como superiores a Italia y Francia. ¿Se atreverá ahora a ponernos de ejemplo? Es más que probable: el señor Zapatero tiene muchas tablas y el teatro lo admite todo.
Esta insistencia en la propaganda, esa fe en que la misma cambiará el ánimo de los españoles y por esa vía logrará la recuperación económica es lamentable. Lamentable porque es un error un tanto pueril, fruto de una mente iluminada y poco dada al análisis racional que confunde política económica con economía de la política, finanzas con encuestas -que es lo único que a nuestro Presidente le interesa, sin comprender que, a la postre, el desprecio por la realidad económica terminará por deteriorarle irremisiblemente la virtualidad de sus sondeos. Es además un enfoque infame, porque las consecuencias de esa concepción virtual son desastrosas para nuestra sociedad. Lo que tienen que hacer los políticos es dejar de creerse druidas, chamanes, curanderos y confiar en el buen juicio de los ciudadanos para la gestión de sus propios asuntos. Y, tanto mejor lo harán, cuanto menos les engañe el Gobierno. Es decir, justo lo contrario de la ejecutoria del señor Zapatero.