El Via Crucis de Alberto Fujimori
viernes 03 de abril de 2009, 01:44h
Después de Semana Santa la justicia peruana dictará sentencia a favor o en contra del controvertido ex presidente Alberto Fujimori. Una figura que inevitablemente despierta sentimientos encontrados entre sus compatriotas que, por un lado, le veneran y le respetan por haber sido el primer mandatario que tuvo el aplomo y la frialdad para acabar con la pandemia social que fue el grupo terrorista Sendero Luminoso; mientras que otros, lo consideran un hombre autócrata que atentó contra el pueblo y el Estado de Derecho de su país.
A lo largo 15 meses el ex-mandatario se ha visto sometido a un severo escrutinio por parte de la opinión pública nacional e internacional. Lo que en su momento fue considerada una brillante gestión política en materia de economía y seguridad, es hoy por hoy, una Caja de Pandora que descubrió a un gobierno que, en el transcurso de una década, se valió de su aparente buena imagen, para terminar de erosionar la institucionalidad de la democracia peruana.
El ideal fujimorista de una sociedad segura, competitiva y pujante, quedó prácticamente hecho añicos, a causa de los constantes escándalos de corrupción y de abuso de poder que salpicaron la administración de Fujimori. La campaña de espionaje y de chantaje contra periodistas y políticos peruanos, puesta en marcha por el que fuese el jefe de facto del Servicio de Inteligencia Nacional de Perú (SIN), Vladimiro Montesinos; así como la violenta Guerra Sucia perpetrada por el Comando Colina -al que se le atribuye las masacres de Barrios Altos en 1991 y La Canuta, en julio de 1992- socavaron la idílica imagen pública de Fujimori.
Tales antecedentes han hecho de la vida de Alberto Fujimori un largo Via Crucis de nueve años que le ha llevado del exilio político de Chile y Japón, hasta los juzgados limeños. El otrora líder “modélico” que salvó a Perú de las fauces del fanatismo maoísta de Sendero Luminoso, del terrorismo del Movimiento Revolucionario Tupác Amaru (MRTA) y de un colapso económico, se enfrenta a una sentencia que podría condenarlo a vivir 30 años tras las rejas.
Pese a ello, el polémico ex mandatario no ha olvidado esos dejos de arrogancia que han caracterizado su figura en determinados momentos de su vida pública. Sus alegatos, más que una defensa de su gestión, es un In Memoriam de sus dos gobiernos, como intento desesperado para justificar lo que, a ojos de un importante número de peruanos, es injustificable.
Mientras tanto habrá que esperar el dictamen que emitirá en los próximos días la justicia peruana. No obstante, los sondeos parecen indicar que Alberto Fujimori tendrá que cambiar el traje y la corbata, por el mismo uniforme a rayas que utilizó Abimael Guzmán en 1993.