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La asociación marroquí Justicia y Beneficencia, otra incógnita más

viernes 03 de abril de 2009, 19:49h
Los tiempos que corren son muy apresurados. Todo el mundo los siente y experimenta así.

Esta sintomática no ahorra su incidencia en la población urbana de Marruecos -que se desruraliza con cierta lentitud, aunque inexorablemente. Véase, si no, la incidencia de la migración interior en los arrabales de Casablanca y Tánger-Tetuán.

Con el calendario electoral a la vista, los sectores opináticos del vecino país magrebí revelan sus deseos de información sobre cuáles componendas (en España preferimos hablar de estrategias, aunque tengan éstas mucho de aquéllas) se forjarán los estados mayores de los partidos políticos para salir favorecidos en las urnas al inicio del próximo verano. De esta guisa actúan las tres fuerzas políticas predominantes en Marruecos: Partido de la Justicia y la Democracia, Istiqlal y Unión Socialista de Fuerzas Populares.

Por su lado, la Asociación islámica Justicia y Beneficencia, parece debatirse entre la permanencia en su “virtuoso aislamiento” de los intereses políticos y la inclinación gradual hacia el tablado donde el Sistema practica su juego predilecto: aunque haya algunos cambios, el Sistema seguirá pareciéndose a sí mismo. Y es que el control omnipresente del Majzen se hace sentir con continuidad indeclinable sobre Justicia y Beneficencia y sus artífices, Cheikh Abdeslam Yassine, su hija Nadia, el portavoz de la Asociación -Fathallah Arsalane- y otros miembros del Consejo asesor, como los Bennajah. No hay prédica religiosa, manifestación callejera, difusión vía Internet, o por cualquier otro procedimiento, que no sean seguidos, cuando no interferidos, por el aparato de control majzení.

El pulso entre el Estado y la Asociación Justicia y Beneficencia sigue sin resolverse luego de veinte años de mantenimiento del duelo; como ocurrió cuando se prodigaron las “encíclicas” del Cheikh (como fue el caso de la ya prehistórica “encíclica” El Islam o el diluvio, y la posterior Ce qui de droit) contra un sistema político, según él, impío e ineficaz, con el que la Monarquía mantenía una complicidad equívoca. Sabido es que la popular Asociación islámica de Marruecos ha ido fortaleciendo sus células de fieles seguidores entre los inmigrantes marroquíes establecidos en Francia, Bélgica, Italia y, en menor medida, España. Ésta ha sido hasta el momento, la operación de desmarque estimada menos costosa por el círculo íntimo del Consejo asesor de Justicia y Beneficencia. La mano del Majzen y su aparato de control, empero, es alargada. ¿Logrará el Sistema desarmar de esta manera la resistencia popular, provocando, por ejemplo, su mutación en partido político”respetable” que, tal y como sucedió hace unos diez años, hizo del PJD un pilar más del Marruecos de nuestro tiempo? O sea, ¿obtendrá la Monarquía una victoria más en el proceso de su identificación con el país real; y viceversa?

Mantengámonos atentos a los comicios marroquíes que se aproximan. Y sigamos de cerca la pista del duelo en que se baten la realpolitik del Majzen y el regeneracionismo de inspiración divina que viene encarnando el Cheikh Yassine; sea desde su arresto en Sale, sea desde su estudiado repliegue en el acomodado barrio rabatí de Sussi.
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