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¡Gracias, Obama!: Zapatero ya puede cambiar el Gobierno

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
domingo 05 de abril de 2009, 22:36h
Rodríguez Zapatero sabía que tenía un Gobierno catatónico. El que puso él mismo apenas hace un año, aunque parezca un siglo. Pero es un político con instinto (especialmente el de supervivencia, que es el principal de los instintos políticos) y por eso no podía permitirse el lujo de aceptar su fracaso con un cambio radical en su Ejecutivo, que le hubiera dejado muy en evidencia.

Por eso tenía que cuadrar el círculo. Reconocer tácitamente con una remodelación que su Gobierno ha sido un desastre (en sus partes y en su todo, añado) y, a la vez, escabullirse él mismo del desaguisado que propició y ha presidido. Por eso, Zapatero ha esperado a su presencia en el G-20+1, si no brillante, al menos discreta, y, sobre todo, a que Obama le llamara “mi amigo”.

Y Obama le dedicó este domingo su amistad, lo que es muy libre de hacer, porque todo el mundo tiene derecho a elegir a sus amigos. Gracias a lo cual, Zapatero ya puede cargarse sin más miramientos a Solbes, al que ha utilizado como escudo humano en esta crisis en la que el presidente del Gobierno se ha movido y se mueve como un zombi.

Y como no es Solbes todo lo que reluce en el desastre gubernamental, los vientres de las ocas apuntan a que Magdalena Álvarez huele también a cadáver político. Lo que todo el mundo sabía, excepto, al parecer, Zapatero. En fin, más vale tarde que nunca.

Esas parecen ser las primeras, pero, a falta de confirmaciones inminente, no las únicas víctimas. En relevo de Solbes corre Elena Salgado, la escasamente reconocible ministra de algunas cosas con Zapatero, que se presenta como esperanza blanca para la economía española. Una misión para la que técnicamente puede estar preparada, pero no parece el suyo un perfil (ella misma casi es un perfil) carismático para dar confianza al sufrido ciudadano vapuleado por los acontecimientos.

La gran alegría de esta crisis que viene es que José Blanco puede ser ministro. Se lo había trabajado, el hombre, limpiando las sentinas de la política. Y quién mejor que él para llevar la cartera de Fomento, por su capacidad para fomentar el acuerdo y el equilibrio. Y, además, aunque no sea un hombre de estudios, sin duda puede aprovechar el Ministerio más inversor para aprender cosas sobre las obras públicas, la arquitectura y la economía. Porque, para esa misión, la de enseñar al que no sabe, sí merece la pena pagar impuestos.

Otra novedad que se apunta es la vuelta de Chaves al Gobierno. Quizá nadie de las jóvenes generaciones sepa que el eterno presidente de la Junta de Andalucía no nació en el Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia regional, sino que fue ministro de Trabajo seleccionado de entre el clan de la tortilla de Felipe González. Amortizado en Andalucía, parece que nos encontraremos a este Chaves, presidente del PSOE, de subordinado del secretario general del PSOE, Zapatero. Pero es una forma digna de quitarle de candidato para las próximas elecciones andaluzas, para las que no parecía quedarle resuello al longevo presidente de los andaluces.

No serán éstos los únicos cambios de Zapatero, pero parecen significativos. Por ejemplo, significan que Zapatero tiene un banquillo escuálido, porque su renovación la protagonizan los propios cómplices del fracaso que hay que paliar. Y si hay que cambiar a ministros quemados, no convendría hacerlo con políticos incendiarios. Pero, imagino que Zapatero no encuentra todos los días a perlas como Bibiana Aído para darles una cartera ministerial.

Zapatero tiene, en todo caso, un grave problema de decisión, si decide culminar la crisis. Que la opinión pública quede muy decepcionada si deja a algún ministro de los actuales (si exceptuamos al de Cultura, que como alguna vez he dicho, por lo menos es culto). Por ejemplo, si aguanta Teresa Fernández de la Vega, será un milagro, porque ha pasado de referencia a indiferencia en el Gobierno. Y no sigo con otros ministros porque, los que se conocen, han pasado por situaciones patéticas; y, la mayoría, simplemente no se conoce.

Lo más importante de todo es que la crisis de Gobierno se la debemos a Obama, que es algo así como la mariposa del efecto (o sea, el Efecto Mariposa, ver Internet). Una sonrisa de un señor negro puede llevar a Blanco al Gobierno, entiéndase como broma racialmente inocente.

Sin duda, la secretaría de Estado americana va a protestar por la utilización de Zapatero del presidente de Estados Unidos. Ha jugado con él como una marioneta. Realmente, Zapatero no quería ver a Obama: sólo lo ha usado para hacer una crisis de Gobierno. Lo que no ha trascendido es si, de paso, Zapatero le ha pedido a Obama un autógrafo, porque hay que ver qué grado de sumisión tiene este socialista con el máximo representante del capitalismo yanqui.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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