Una Alianza de Civilizaciones vacía de contenido
martes 07 de abril de 2009, 01:05h
Estambul es la sede estos días del II Foro de la Alianza de Civilizaciones, cuya agenda es tan nebulosa como lo serán sus resultados. Quizá porque el término es equívoco: si acaso, deberíamos hablar de alianza de culturas, en la medida –nos explican en 1º de Antropología- que civilización, todos pertenecemos a la misma, conocemos el ordenador, los automóviles y viajamos en avión. No es casualidad que este encuentro se celebre en Turquía, toda vez que uno de sus principales valedores es el presidente otomano, Recep Tayyip Erdogan. Además, Turquía es un país a caballo entre dos continentes -más Asia que Europa-, de mayoría musulmana y con un sistema democrático que debemos apoyar, en la medida que es ciertamente mejorable. Su interés en “occidentalizarse” contrasta con los recelos que provoca en la sociedad turca -clase política incluida- todo lo que venga del oeste del Bósforo. Y otro tanto sucede con el resto de países que participan de esta entelequia.
Conviene recordar que la idea original no fue de José Luís Rodríguez Zapatero, sino del ex presidente iraní Muhammad Jatami. Que un país que apoya sin ambages el terrorismo -Teherán arma y financia entre otros al grupo terrorista libanés Hizbolá- potencie un foro que tenga por objeto buscar un entendimiento entre Occidente y el mundo islámico da que pensar. Tan es así que la iniciativa en cuestión sólo ha despertado entusiasmo en Erdogan y Zapatero. El cual debería entender que, un país como España, con una imagen tan estereotipada y todavía dudosa, lo que más le interesa es situarse en el centro de los civilizados.
Pocos líderes de talla se han involucrado de lleno en tan vaporosa aventura y, si las voces no son más críticas, se debe únicamente al mesurado lenguaje de la diplomacia. Pero es un hecho que la Alianza de Civilizaciones es hoy un foro huérfano de contenidos. Fundamentalmente, porque tanto en América como en Europa sus ciudadanos pueden practicar la religión que estimen oportuna gracias a la democracia en la que viven. No puede decirse lo mismo en los países de mayoría musulmana -salvo raras excepciones- donde las libertades de culto, expresión y asociación brillan por su ausencia. Ese es el principal escollo. Una vez salvado; es decir, cuando haya verdadera libertad en el mundo musulmán, podrá hablarse de lo que sea. Hasta entonces, iniciativas como la Alianza de Civilizaciones tendrán escaso contenido y un alcance muy limitado.