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crisis económica y política

Las claves de una temprana crisis de Gobierno

martes 07 de abril de 2009, 13:14h
Al comienzo, nada. Lo primero que llamó la atención del segundo Gobierno de Zapatero fue su inacción primaveral y estival. Lo principal era la economía, un asunto al que Zapatero había prestado muy poca atención hasta poco antes de las elecciones, cuando los síntomas de la crisis económica eran cada vez más evidentes y preocupantes. Y en esto llegó el primer escollo del Gobierno: los Presupuestos. Zapatero, con su estrategia a corto plazo de alianzas, había ido quemando el terreno que pisaba, dejando atrás posibles acuerdos con ERC. Pero aún logró el apoyo de PNV, que se anunciaba como socio más estable del PSOE, y de BNG, con quien formaba gobierno en Galicia. Hoy esos apoyos quedan muy lejanos.

El Gobierno no ha acabado de funcionar, e incluso ha perdido su capacidad, muchas veces demostrada en la anterior legislatura, de marcar la dirección de la política nacional. Creó nuevos ministerios que no han beneficiado la acción política del Ejecutivo. Cristina Garmendia dirige un Ministerio de Ciencia e Innovación sin contenidos. Los del Ministerio de Vivienda se han ido vaciando a medida que la construcción se ha ido deteniendo hasta prácticamente pararse por completo. Y Bibiana Aído, en el orwelliano Ministerio de Igualdad, ha protagonizado una de las principales apuestas políticas del Gobierno, la nueva Ley del Aborto, que ha resultado ser un fracaso político. El Gobierno ha medido mal la respuesta de los españoles, y la propuesta de permitir a las jóvenes de 16 años abortar sin el conocimiento de sus padres ha merecido críticas incluso dentro del propio partido. Las novedades del nuevo Ejecutivo han resultado ser un fracaso.

Otros pesos pesados del Gobierno han tenido grandes problemas. Miguel Sebastián, amigo personal y hombre de confianza de Rodríguez Zapatero, era el hombre llamado a sustituir a un Pedro Solbes cansado y con una visión económica que choca con la del presidente. Zapatero está dispuesto a tirar de deuda pública, que en 2008 era históricamente muy baja, mientras que Solbes sabe bien de las consecuencias que puede tener para la economía española. Le faltan ganas para continuar y cuando dimitió Mariano Fernández Bermejo en Justicia mostró su “envidia” por su condición de ex ministro. Pero a Sebastián le ha salido muy mal la operación de las bombillas ecológicas. Nadie las quiere. Su producción es china, lo que choca con su llamada a comprar lo producido en España, otro intento de hacer ruido político que, de nuevo, ha acabado en fracaso.

Otra ministra quemada, del mismo colegio que Miguel Sebastián, es Mercedes Cabrera. Educación para la Ciudadanía es una de las principales apuestas del Gobierno, y Cabrera, que no ha hecho el intento de consensuar sus contenidos con el principal partido de la oposición, ha comenzado a implantarla. Pero con mucha oposición y grandes problemas. El Tribunal Supremo denegó el derecho a la objeción a la asignatura Educación para la Ciudadanía como tal, pero reconoció el derecho a objetar sus contenidos, por lo que entra en una vía muerta. La oposición a Bolonia, liderada por estudiantes de izquierda, se ha revelado mucho más importante de lo que puede aguantar una ministra ya quemada.

La mala gestión del AVE malagueño se quedó en nada al lado del caos provocado en Madrid por las nevadas, y en especial por la mala gestión del aeropuerto de Barajas. Magdalena Álvarez, cuya imagen estaba muy deteriorada ya al comienzo de la legislatura, acabó por hundirse en el duro invierno madrileño. Sanidad y Cultura están desaparecidos.

Pero el ministro que más se ha expuesto al desgaste ha sido el mencionado Mariano Fernández Bermejo, que se vio forzado a dimitir por sus escandalosos encuentros con el juez Garzón. Ambos brindaron por los 20 años de gobierno socialista por venir, el fin de semana en que el juez había encarcelado a varios imputados por el caso Gürtel, todo ello en presencia del jefe de la policía judicial, encargado de cumplir las órdenes del juez estrella. Pero fue el hecho cinegético, la foto del ministro frente a los cadáveres de los venados, más el hecho de que se convirtiese en cazador furtivo, lo que provocó su salida del Gobierno. Sólo Rubalcaba, y no sin problemas, se mantiene más o menos intacto.

Pero los problemas del Gobierno no se agotan con sus miembros, por lo que su renovación no resolverá todos sus problemas. Primero, porque el primero de ellos, la crisis económica, está aquí para quedarse unos cuantos años. Segundo, porque en el plano puramente político, al Ejecutivo se le han caído dos socios más. PNV no le perdona a los socialistas que le expulsen de la lehendakaritza tras pactar con el PP, mientras que la futura dirección del BNG es una incógnita, después de que su coalición con el PSOE fuera expulsada del gobierno en Galicia. De hecho, de más de 80 leyes que prevé aprobar el Gobierno, sólo ha sacado adelante 3, y de poco calado.
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