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Jesús de Nazaret

miércoles 08 de abril de 2009, 22:17h
La visita a la fortaleza de Masada es obligada si uno viaja a Tierra Santa. Pero si además, saliendo desde Jerusalén, se opta por dar un pequeño rodeo e ir bordeando el Mar Muerto, es posible reparar en un pequeño promontorio a escasos 20 minutos de Jerusalén. Se trata de de la ruinas de Qumrán, donde en tiempos de Jesús moraba la secta de los esenios. Precisamente hay quien ha insinuado que Jesús pudo pertenecer a dicha secta, sin que a día de hoy parezca cierta tal cosa. De hecho, poco es lo que se sabe a ciencia cierta de la existencia de Jesús, aunque más de lo que algunos creen.

Lo que sí parece claro es que debió nacer unos años antes de lo que señalan los Evangelios; más concretamente, en torno a marzo del año 7 A.C. Los propios evangelistas no se ponen de acuerdo en la fecha, y puede que tenga que ver la doble concepción de “nacimiento” que se tenía en el mundo judío: el físico y el “social”, esto es, la presentación a la comunidad o Bar Mitzvah. Además, hay un gran vacío en torno a la “vida privada” de Jesús, que va desde su alumbramiento en Belén y la posterior huida a Egipto hasta los últimos años de “vida pública”, que son los que se narran en las Escrituras. Por cierto que en barrio copto de El Cairo se conserva la que dicen fue la casa donde vivió las Sagrada Familia, aunque no existe una certeza irrefutable de que dicha casa sea auténtica.

Y es que de aquellos tiempos sólo nos han llegado testimonios de personas que fueron relevantes durante toda su vida, y la notoriedad de Jesús empezó a hacerse palpable a un par de años de ser crucificado. Es comprensible por tanto que no haya evidencias documentales ni arqueológicas de su existencia. Sí las hay, en cambio, en algunas fuentes no cristianas. La literatura talmúdica, por ejemplo, cita a Jesús tanto en la Mishná como en la Guemará. Flavio Josefo, el historiador judío, también hace una breve referencia a su muerte en sus “Antigüedades Judías”. También le nombran Plinio el Joven, Suetonio y Cornelio Tácito, entre otros. Por lo que respecta a las cristianas stricto sensu la Iglesia ha admitido 27 libros sagrados, que son los que conforman el Nuevo Testamento, aunque hay obras apócrifas como el Evangelio de Tomás o el “documento Q” que resultan sumamente interesantes. El fragmento más antiguo que se conoce -un trozo de papiro conocido como “P 52”- pertenece al Evangelio de San Juan, y se conserva en Manchester.

Por lo que se refiere a evidencias físicas o geográficas, hay que tener en cuenta que Jerusalén fue arrasada por Tito en el año 70 y reconstruida por Adriano en el 132 con lo que, por poner un caso, el recorrido que los peregrinos hacen hoy por la Vía Dolorosa se efectúa algunos metros por encima de donde debió transcurrir el paso de la Santa Cruz. El Santo Sepulcro conserva únicamente lo que fue su localización original, ya que los restos de la construcción funeraria primigenia fueron destruidos por Solimán el Magnífico. Algo parecido sucede con el Gólgota, que se atisba a través de un ventanuco que hay dentro de la basílica del Santo Sepulcro (sus restos están debajo). El sudario con el que fue envuelto (la Sábana Santa o Sindone) está en Turín, y la supuesta punta de lanza con la que el centurión Longinos atravesó su costado se halla sobre el baldaquino de Bernini, en el interior de la basílica de San Pedro (Roma). O eso dicen...

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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