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Un Aberri Eguna más sonoro

domingo 12 de abril de 2009, 22:35h
El denominado “Día de la Patria Vasca” no ha sido muy distinto del de anteriores ediciones, excepto por el detalle de que, en esta ocasión, el PNV pisaba sus tradicionales “campas” como gobierno en funciones y futura oposición. Ello le ha permitido expresarse sin ambages, libre de las ataduras que supone tener pactos pendientes con “Madrid”, lo que ponía una cierta sordina a sus discursos, aunque no más moderación. Este año no ha sido así. Ibarreche y Urkullu han prevenido a los vascos de los riesgos del “unionismo español”, a la vez que lanzaban soflamas en las que dejaban claro que la transición iba a ser de todo menos sencilla.

La sociedad vasca se decantó en las pasadas “votaciones” –porque recordemos que en el País Vasco no hay libertad de elegir- por una amplia oferta de candidaturas, entre las que fueron mayoría las que representaban intereses de integración. Es de suponer que parte de esos votos provendría de nacionalistas que reflexionaron sobre la conveniencia de seguir depositando su confianza en gente que, con mayor o menor responsabilidad, viene sustentando el entramado terrorista que atenaza a toda España.

De la que Euskadi es parte. Ayer, como en otras ocasiones, se escucharon gritos de “independencia” en todas las celebraciones nacionalistas. Pueden hacerlo gracias a la libertad que ellos sí tienen para expresar sus ideas. Otros, en cambio, no pudieron gritar nada: los que tuvieron que irse de Euskadi por miedo, o los que perdieron la vida por defender un credo que no fuera el nacionalista, o los que temen perderla por manifestarse o decir lo que piensan. Que tome buena nota el PSOE, ya que quienes ayer se retrataron fueron sus aliados tradicionales, esos con los que Zapatero parece sentirse tan cómodo. Y también el PSE, muchos de cuyos dirigentes defendieron -y aún defienden- la idea de que confraternizando con los nacionalistas se les puede modular.

Nada más lejos de la realidad. Conviene entender que el discurso soberanista de este Aberri Eguna ha sido, si acaso, más alto pero no más claro: el PNV lleva instalado en posiciones soberansitas y escisionistas desde mucho antes de estas elecciones y el actual cambio político de los socialistas. Incluso cuando el PSOE les apoyaba y se aliaba con los nacionalistas vascos, estos se alineaban en posiciones nacionalistas radicales sin ningún pudor. Es preciso recordarlo para dejar claro que el acercamiento de los socialistas a los nacionalistas nunca ha servido para aplacarlos o moderarlos y, ahora, su alejamiento tampoco ha sido la causa de su radicalización. En este aspecto, la fórmula Zapatero-Blanco de alianza entre los socialistas y nacionalismo se ha saldado con un completo fracaso.
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