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Un libro sobre Praga

José María Herrera
martes 14 de abril de 2009, 20:10h
La editorial Edinexus acaba de publicar el segundo volumen de su colección “el escritor andante”. Como el primero, consagrado a Venecia, lo firmé yo, resulta evidente que no soy la persona más apropiada para elaborar esta reseña. Quiero aclarar, por ello, que mi pretensión aquí no es juzgar el mérito de lo realizado, sino únicamente presentar el proyecto, el cual, naturalmente, me parece muy interesante y atractivo.

Los libros de la colección “el escritor andante” intentan reconstruir la atmósfera de una ciudad (Venecia, ahora Praga, el próximo será Londres o Estambul) en un cierto momento de su historia a partir de textos e imágenes de la propia época. Aunque la idea es que puedan servir de guía al viajero curioso –no al turista que busca restaurante-, no son propiamente guías, sino recreaciones históricas y, para ser más precisos, literarias y artísticas, de un lugar y una atmósfera. A diferencia de otras colecciones, la labor de los autores no es contar cómo era la ciudad en la época elegida, sino seleccionar el material adecuado para que el lector, amena y fácilmente, viaje en el tiempo y pueda descubrirla por sí mismo. Como decía Kapuchinski, uno de los mayores trotamundos de los últimos tiempos, hacer esta clase de periplos temporales es la que distingue al simple turista del auténtico viajero.

El nuevo volumen, consagrado a Praga, es obra de José Luis Checa Cremades. Si Venecia Galante, título del mío, reconstruye la vida veneciana en el siglo XVIII, el libro de Checa recrea más bien el mito literario de Praga, una ciudad que ha servido de pretexto para una gran literatura cuya sustancia “es la imaginación pura, el sueño y en ocasiones el delirio”. A mí su decisión me parece un absoluto hallazgo y sospecho que lo mismo pensarán los aficionados a Kafka, Rilke, Perutz, Jan Neruda, Hrabal, Capek o Kundera, por citar sólo a algunos de los escritores que contribuyeron a forjar ese mito. La Praga que van a encontrar los lectores no es, pues, la que fotografían los visitantes, sino esa otra que ya existe en nuestra memoria literaria.

Checa ha acompañado la selección de textos con un repertorio de fotografías en blanco y negro realmente sobresaliente. No es raro porque en las primeras décadas del siglo pasado, momento elegido para la recreación, la ciudad contó con varios fotógrafos notables, entre ellos Josef Sudek, a cuya figura dedica varias páginas del libro. El hecho de que la mayor parte de esas fotografías pertenezcan a la colección privada del autor es un añadido que, sin duda, acrecentará el interés de los curiosos.

En fin, y para concluir, creo que vale la pena saber, tratándose de un libro lleno de ilustraciones, que el resultado desde el punto de vista editorial es muy satisfactorio. Como elogio, y también como crítica, diré que el libro de Checa, que sabe mucho, acaba sabiéndonos quizás a poco.
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