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Análisis

América Latina y China: bajo el manto del dragón

jueves 16 de abril de 2009, 22:50h
La influencia económica de China se ha hecho evidente a lo largo de los últimos años en Latinoamérica. En 2008 el gigante asiático ha incrementado en un 40 por cierto su volumen de inversión dentro de la región, un mercado que siempre estuvo controlado por la presencia estadounidense.
En las culturas asiáticas la figura serpenteante del dragón más que suponer un símbolo demoníaco, es sinónimo de poder, fortaleza y buena fortuna. A lo largo de casi dos décadas, la República Popular de China,-la misma que durante la Guerra Fría puso a temblar a occidente tanto como la ex Unión Soviética-, es hoy en día una de las principales potencias mundiales. Su vasta extensión territorial, sumada a la transformación y apertura que ha experimentado su sistema económico a lo largo de los últimos 19 años, le ha valido al estado maoísta el seudónimo de ser el Gran dragón de Oriente.

Pese a la lejanía territorial y a la notoria brecha cultural que separa América Latina de China, el desembarco de esta potencia a tierras iberoamericanas no es tan reciente como parece. En los años sesenta y setenta, China aprovechó el auge de la guerra de guerrillas en Centroamérica y Suramérica, para disputarse con la URSS el control ideológico del comunismo en la región, una situación que le dio cabida al surgimiento de grupos radicales, inspirados en los ideales socialistas de Mao Zedong como Sendero Luminoso en Perú o el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros en Uruguay. Pero no fue si no hasta el colapso del comunismo soviético a finales de los 80, que el gigante asiático comenzó a replantearse seriamente su incursión a Latinoamérica.

Hu Jintao y Lula


La entrada de la potencia a la economía de América Latina comenzó de forma modesta y poco ambiciosa. En 1990 el volumen de las exportaciones entre Iberoamérica a China alcanzó tan sólo los 875.284 dólares (663.138), una cifra que contrasta con la registrada en 2008 que se sitúo en 140.000 millones de dólares (106.000 millones de euros). Un significativo incremento que responde al acelerado crecimiento y a la voraz consumo del mercado asiático, que cada vez demanda más materias primas como el petróleo, el cobre, el hierro, el estaño, la madera, la lana y la soja, entre otros; muy prolíficas en los territorios del Cono Sur. Por lo que Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Venezuela, se han convertido en mercados sensiblemente estratégicos para los intereses chinos.

Tales condiciones, aunadas al ascenso al poder de gobiernos de izquierda dentro de un importante número de países dentro del continente, le ha permitido al coloso asiático llevar a cabo un rentable intercambio comercial con sus socios latinoamericanos, que le han abierto las puertas al estado maoísta para que posicione sus productos 100 por ciento “Made in China” en un mercado que históricamente siempre ha estado controlado por la nación del Tío Sam.

Hu Jintao y Raul Castro


Si bien este año se cumplen dos décadas en que el mundo dejó de estar supeditado al orden bipolar que supuso la Guerra Fría, no cabe duda que Oriente y Occidente vuelven a verse las caras frente a frente para instaurar un nuevo Statu quo en América Latina, en donde lo que se disputa, no es precisamente la supremacía ideológica o militar en el tablero de ajedrez que es nuestro mundo, sino el dominio de la competitiva economía global.