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Estados Unidos y México, ¿nuevos aliados?

viernes 17 de abril de 2009, 22:24h
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reunió con su homologo mexicano, Felipe Calderón, para dar comienzo a una “nueva era” en las relaciones bilaterales: narcotráfico, política migratoria y tratado de libre comercio como asuntos principales de debate. De momento, no hubo acuerdos concretos, sino la manifestación de la voluntad de cooperar conjuntamente para subsanar los problemas que viven ambos países.

En tema de narcotráfico, Obama se ha mostrado consciente de que los EEUU pueden hacer algo más que la Iniciativa Mérida y realizar un plan regional de combate al tráfico de drogas y armas serio y eficaz. La implicación de los EEUU en el problema y el reconocimiento de ser “con-causa” son condicio sine qua non para enfrentarse al mismo, pero no suficientes: es evidente que resulta necesario elaborar una nueva estrategia común en la lucha al narcotráfico.

A pesar de ser extremamente importante, el tema del “narco” no debe eclipsar un asunto de igual relevancia: la reforma migratoria. México aguarda con gran expectativa cambios en ese campo ya que anhela a sacar de la “invisibilidad” a más de 7 millones de inmigrantes que viven en EEUU sin documentos. Además de plantear como impulsar una “migración legal, ordenada y productiva”, los dos mandatarios deben abordar el tema de forma “retroactiva”: ¿qué solución ofrecer para el pasado? Para el futuro, la reforma migratoria debe atender tanto a las necesidades de seguridad de un país como a las exigencias laborales del otro, elaborando una estrategia de mutuo interés. Sin embargo, el principal problema se sitúa en el pasado: deben darse propuestas para una cautelosa legalización que no se convierta en una “regularización masiva”, sino en una mejoría de las condiciones de millones de personas que trabajan sin la documentación apropiada. Al mismo tiempo, México debe comprender que la mejor manera para evitar la migración es crear oportunidades de trabajo en el país: el famoso retorno masivo no se ha dado (y tampoco parece que se vaya a dar), mientras la perdida de empleos alcanza proporciones alarmantes.

Estados Unidos deben considerar a México como algo más de un vecino o un socio comercial. Un cambio en las relaciones bilaterales puede ser beneficioso para ambos países y mejorar la vida de ambos pueblos. EEUU y México deben proponerse alcanzar objetivos comunes, elevar los ingresos nacionales y crear nuevas oportunidades económicas en ambos lados de la frontera. No obstante, el cambio de postura de EEUU no debe generar desconcierto, sino animar el Gobierno de Calderón a reflexionar sobre sus problemas con mayor eficacia. El hecho que Obama “se fije” en México debe representar un estimulo, ya que elimina la “clásica justificación” de que los problemas mexicanos son culpa de los EEUU. Sin embargo, los políticos mexicanos deberán tener en cuenta que una cosa es lo que Obama ha prometido y otra, probablemente bastante distinta, será lo que pueda o le dejen hacer: por eso, el cambio de rumbo de Estados Unidos respecto a México será un buen termómetro para saber hasta qué punto el neo-presidente Obama tiene poderes efectivos en su mandato.
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