Italia: la libertad de expresión herida
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 19 de abril de 2009, 13:59h
Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la libertad de expresión es un derecho fundamental y el articulo 19 establece que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Como siempre, Italia demuestra su desprecio a las reglas y su deseo de representar una excepción, una anomalía en las democracias occidentales. Así pues la RAI, televisión pública italiana, ha decidido suspender de empleo a un caricaturista después de las numerosas críticas recibidas por el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini. El pasado 9 de abril, en un programa TV del servicio público, el dibujante Vauro Senesi presentó una viñeta “Aumento de los aforos...de los cementerios”, en que relacionaba la polémica generada por el conocido “Plan Casa” del Gobierno, que autoriza la ampliación de los inmuebles hasta el 20%, con el terremoto que golpeó Italia cobrándose la vida de 294 personas.
La derecha “respetable” y la izquierda “extraviada” piden castigo: nadie quiere que se subrayen los posibles “errores” de las autoridades italianas a la hora de prevenir y afrontar el terremoto. Ni que se evidencien las carencias de las futuras actividades gubernamentales: la elaboración de un plan que permita construir por encima de casas que ya presentan fallos estructurales. Por eso, no queda otro remedio que la censura: es inadmisible presentar una viñeta satírica que se permita criticar el Plan Vivienda del Gobierno Silvio Berlusconi asociándolo con el alto riesgo sísmico de Italia. Además, ¿De verdad hay que creerse que Italia no posee un plan de prevención elaborado por Protección Civil? Venga hombre, no puede ser, sobre todo después de las tragedias de Abruzzos, Umbria, Marche, Basilicata, Irpinia, Puglia, Sicilia, Nápoles de las últimas décadas. Y supuestamente esa es la razón por la que el nuevo Plan Casa no incorpora ninguna prevención antisísmica, ¿Verdad, no?
Me alegro de que vuelva la censura: me quita la nostalgia de las antiguas purgas de Stalin, mientras la RAI emite veredictos como si fuera la Inquisición. La sátira, que para comprenderla hay que gozar de un cerebro un poco más fino de lo normal, busca la manera de llevar las provocaciones al extremo: quizás por eso, tantos se han molestado. No entienden que a los muertos se le ofende más cuando se busca la manera de evadir las responsabilidades en los acontecimientos, cuando se despreocupan de como evitar que las tragedias se repitan. La viñeta podía ser cruelmente irónica, pero es sátira y además ponía en evidencia un aspecto: no se puede permitir en el futuro que las casas se construyan de cualquier forma (con arena de playa) y pasando por alto toda normativa antisísmica, al igual que el Plan Casa del nuevo gobierno.
La decisión de castigar el caricaturista cumple una doble finalidad: en primer lugar golpea el anillo débil de un eterno problema de Italia ya que no puede sacudir al más fuerte: la libertad de información. Por otra parte, parece una jugada estratégica: mueve el eje de la polémica tanto que parece más lógico preguntarse que tipo de castigo merece infligir al atrevido viñetista más que a los verdaderos responsables de la catástrofe. Finalmente, volvemos a un antiguo debate: el monopolio de los medios de comunicación por parte de Silvio Berlusconi, dueño de la principal cadena privada de televisión Mediaset y que, como primer ministro, posee el control directo sobre la RAI. Cada vez que se irrita, hace callar a todos con edictos al estilo soviético (ya lo hizo con el “diktat de Sofía”). A la broma del camping, esa sí de evidente mal gusto, no hay que darle ninguna relevancia, mientras el premier utiliza los escombros como escenario. Durante el terremoto se ha mostrado como una especie de Rudolf Giuliani, en versión más campechana e irritable: la prensa libre le da miedo y la que escribe contra él, le pone los pelos de punta (los que le quedan, a la espera de un nuevo trasplante…) A veces, teniendo en cuenta mis columnas, pienso: “¡Puff! ¡Menos mal que escribo en un medio extranjero!”
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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