Cataluña: ¿otro Estatuto?
Jordi Canal
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jcanalelimparciales/7/1/7/19
lunes 20 de abril de 2009, 16:57h
Informa la Agencia EFE que el pasado viernes, en la presentación de un libro sobre el soberanismo, el candidato de Convergència i Unió en las próximas y descoloridas elecciones europeas, Ramon Tremosa, aseguró que si el nuevo Estatut catalán no resuelve los problemas sobre financiación e infraestructuras, “haremos otro”. ¡Alegría! La clase política de Cataluña no deja de sorprenderme. Nos meten, primero, siguiendo a un iluminado Maragall, en el berenjenal de la elaboración de un nuevo Estatuto de Autonomía innecesario –excepto para los propios intereses partidistas, en lo que Enric Juliana bautiza como un “enredo veneciano”, cada uno con su máscara puesta (La deriva de España, 2009)- y que dejaba indiferente a la ciudadanía, hasta que se decidió movilizarla por la vía de la crispación, el victimismo y la defensa de la patria amenazada. La alta abstención del referéndum estatutario no fue casual. Y, más adelante, nos dicen, ahora que ya lo pergeñaron –aunque al precio del deterioro de la convivencia, una más que segura inconstitucionalidad parcial y la más absoluta inacción del gobierno mientras duró la bromita-, que si no consiguen sus objetivos van a condenarnos a hacer otro Estatuto. Alguien objetará que los de CiU no fueron los principales responsables de aquel despropósito, pero habrá que recordar que, con ser cierto, fue Artur Mas el líder que acabó pactándolo con el señor Rodríguez, como llama al presidente del gobierno español mi siempre querido y admirado Jon Juaristi.
Las declaraciones del candidato Tremosa me sugieren, como mínimo, un par de breves reflexiones. Ante todo, que la clase política catalana vive totalmente desconectada de los ciudadanos de su región y brilla, con escasas excepciones, como he comentado en otros artículos de esta sección, por su mediocridad. El momento de la elaboración del Estatut lo mostró claramente. El de la crisis lo reitera. Los ejemplos pueden multiplicarse: la esperpéntica gestión de Saura en Interior, el descaro de Carod-Rovira abriendo costosísimas “embajadas” por el mundo, el gobierno gris y desilusionante de Montilla, las payasadas del dúo independentista Tardà-Puig, el aire chulesco de Zaragoza, Felip Puig y Puigcercós, o las ya habituales salidas de tono de Oriol Pujol. Paralelamente, los otros grupos, esto es PP y Ciutadans, suficientes problemas tienen para que, en una sociedad supuestamente normal, se les considere como integrantes de eso que he llamado la clase política “catalana”. No sorprende la gran desafección que los ciudadanos de Cataluña muestran en todas las encuestas por la política y por los políticos.
La segunda de mis reflexiones se centra específicamente en CiU. La senda del soberanismo está alejando a este grupo político del pragmatismo centrista que tan buenos resultados le diera en el pasado. Aislar al PP y negarse a dialogar con ellos, con o sin notario, por un lado, y competir con ERC para ver quién tiene más larga la vara nacionalista, constituyen dos errores que están pagando y van a pagar en el futuro. El juego de la permanente insaciabilidad que caracteriza al PNV no cuadra del todo bien en CiU. Artur Mas –un buen político que, sin embargo, falla en la confección de sus equipos- tiene la posibilidad, ante los errores y desgobierno tripartito, de volver a situar a CiU en el centro de la vida política catalana. Pero debería mirar más a su derecha que a su izquierda, más a la realidad de cada día -la realidad del país hecho y por hacer, en fraseología pujolista- y a los ciudadanos, que a las fantasías y cantos de sirena patrióticos. El nombramiento al frente de la Fundación Trias Fargas de un personaje de talante inquisitorial como Agustí Colomines en sustitución de un auténtico liberal como Vicenç Villatoro, la designación del soberanista Ramon Tremosa como cabeza de lista para las europeas o el maltrato dado a un diputado inteligente y hábil como Ignasi Guardans no constituyen, en ningún caso, signos tranquilizadores. Resultaría muy conveniente, me parece, un buen baño de realidad.
¿Otro Estatuto? No, gracias.
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Historiador
JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París
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