Considerado uno de los grupos pandilleros más violentos de Centroamérica y Estados Unidos, La Mara Salvatrucha es para miles de jóvenes hispanos y centroamericanos, la única alternativa para escapar de la pobreza y la marginación social. Por Sabrina Gelman Bendahan
La calle número 13 de la ciudad de Los Ángeles (California) es el principal centro de operaciones de una de las pandillas más violentas y peligrosas que operan en Estados Unidos: La Mara Salvatrucha (MS). Una tribu urbana cuyo mito y popularidad se ha extendido con fuerza a lo largo y ancho de toda Centroamérica, al punto de sumar a más de 100.000 miembros en sus filas.
Los integrantes de este movimiento, conformado en su mayoría por adolescentes y jóvenes que no superan los 25 años de edad, suelen escabullirse de los brazos de la clandestinidad para ostentar con orgullo, los emblemáticos tatuajes que convierten la piel de sus torsos, rostros e incluso la de sus cráneos, en el carné de identidad del clan Mara al que pertenecen.

Fundada a principios de los años ochenta por un grupo de inmigrantes salvadoreños que llegaron a Estados Unidos huyendo de la cruenta guerra civil que azotaba a este país centroamericano; la MS nació del vientre de la pobreza, la marginalidad y la segregación de las que eran víctimas muchos jóvenes de la colonia salvadoreña asentada en California, quienes buscaron la forma de hacer frente a la rivalidad y a las brutales represalias de otros grupos pandilleros que operaban en barrios colindantes.
Es por ello que para miles de desorientados adolescentes hispanos, La Mara Salvatrucha es una “familia” que además de permitirles a acceder a un entorno social que les proporciona una identidad y un estatus dentro de esa “comunidad”, resulta a su vez, un tentador negocio para muchos jóvenes que quieren llenar sus bolsillos con dinero fácil e ilícito, gracias al respaldo y a la rentable plataforma que les brinda las mafias del crimen organizado. Una situación que despierta la alarma de las autoridades estadounidenses, que observan con preocupación cómo este movimiento pandillero ha ido reemplazando en los últimos años, los revólveres 9 milímetros y las navajas mariposas, por fusiles AK-47.

Sin embargo, la MS no se ha limitado a mantenerse al margen de las fronteras de la calle 13 de Los Ángeles o la 14 de San Francisco, números que le han dado nombre a cada
clicas o grupo que constituye La Mara. También ha logrado establecerse con fuerza en El Salvador, Honduras, Guatemala e incluso México, debido a la deportación de muchos de sus integrantes, que llevaron la ideología Salvatrucha a sus países de origen; sobre todo en El Salvador donde su célula MS-18, ha contribuido a incrementar vorazmente la tasa de homicidios y de criminalidad en uno de las naciones más violentas de América Latina.
La capacidad de expansión y de recomposición que posee esta tribu urbana no tiene parangón. En casi treinta años, los Maras han logrado dejar de ser una pandilla de barrio para posicionarse como la reina de las pandillas latinoamericanas, por ser una de las pioneras en llevar su firma y su lenguaje de la violencia, más allá de las calles del gueto.