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Cuba. Una reflexión más

Florentino Portero
viernes 24 de abril de 2009, 19:28h
Los cambios realizados por el Presidente Obama en la política norteamericana hacia Cuba han provocado la redacción de cientos de artículos valorando su impacto en la evolución del régimen castrista. Javier Rupérez y Alejandro Muñoz Alonso han publicado dos excelentes textos en este periódico. A pesar de ello, no me resisto a tratar el tema, si bien desde un enfoque complementario al de mis compañeros de sección.

Toda gran potencia necesita establecer unos criterios generales que den coherencia a su acción diplomática, a riesgo si no de caer en un tactismo que le llevaría a la pérdida de credibilidad y a la ineficacia. En las naciones democráticas la cuestión de los derechos humanos es capital, de tal modo que una acción exterior puramente "realista" - es decir en línea con la opción amoral defendida por Nicolás de Maquiavelo, seguida por el cardenal Richelieu y continuada en nuestros días por Henry A. Kissinger- resulta inaceptable para la población. Durante estás últimas décadas hemos podido observar cómo la defensa de los derechos humanos ha sido una fuente inagotable de problemas en las relaciones de la gran potencia americana con naciones como China o Arabia Saudí, dos estados de enorme interés, si bien por razones distintas, para el gobierno de Washington.

¿Tiene sentido que Estados Unidos aplique un bloqueo económico a Cuba mientras la secretaria de estado se olvida de los derechos humanos en la nueva relación con China o el presidente Obama se inclina ante el Rey saudí? Evidentemente no. Hay un doble rasero que no parece fácil de justificar ¿Estamos ante un ejemplo de incoherencia? Depende. Desde una perspectiva diplomática sí, pero la política hacia Cuba nunca fue cuestión propiamente diplomática sino de política interior. Estados Unidos concede a Cuba un tratamiento excepcional porque la comunidad cubana tiene un destacado peso en la vida nacional y exige el aislamiento mientras perdure la dictadura de Castro. El estado de Florida es uno de los más grandes y poderosos de la Unión, los cubanos juegan allí, pero no sólo allí, un papel importante por lo que su opinión cuenta. Al Gore perdió las elecciones presidenciales frente a George W. Bush en la Florida y como consecuencia de la política seguida por la Administración Clinton en un un caso de repatriación de un niño cubano. Obama ganó en la Florida y conquistó claramente el voto hispano en el conjunto de la nación, tanto el chicano como el cubano.

Si la política exterior norteamericana hacia Cuba está subordinada a los intereses de la comunidad cubana ¿qué sentido tiene el giro dado por el Presidente Obama? En realidad, y como ha explicado desde estas páginas Javier Rupérez, no hay tal giro o, por ahora, éste no se ha producido. Si el objetivo es responder a las demandas de esa comunidad al tiempo que castigar a la dictadura castrista las medidas recientemente aprobadas son acertadas. La enfermedad de Fidel Castro y la avanzada edad de su hermano Raúl sitúan al régimen en una posición de debilidad. Lo último que desean es ver pasear por la calles de La Habana a miles de "gusanos", ocupándose de sus familias, dialogando con la oposición interna y siempre representando el contrapunto entre la miseria reinante en la isla y el bienestar que gozan aquellos que llegaron a Estados Unidos. Mientras Obama continúe, como hasta la fecha ha hecho, exigiendo la transición a la democracia no estaremos ante un cambio de política sino a la adaptación de la vigente a una circunstancia nueva.

Tanto la secretaria Clinton como el presidente Obama han justificado las nuevas medidas desde el reconocimiento del fracaso de la política tradicional. No es verdad, porque esa política no estaba dirigida a facilitar la transición a la democracia en Cuba. Ese objetivo era inalcanzable. Su cometido era otro, dar satisfacción a un electorado exigente y relevante. Ese electorado parece estar entendiendo la lógica de las nuevas medidas y están con su presidente. A nadie puede extrañar el reciente comentario crítico de Fidel sobre la Cumbre de las Américas y es que Obama no es Moratinos.

Florentino Portero

Profesor

FLORENTINO PORTERO es analista del Grupo de Estudios Estratégicos, responsable del Área de Política Exterior y de Seguridad española

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