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El caso Gürtel y las suspensiones en el PP

jueves 07 de mayo de 2009, 01:43h
Esta mañana, el Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), Antonio Pedrera, ha imputado al ex consejero de Deportes del Gobierno regional y diputado del PP, Alberto López Viejo. Este ha sido citado por el juez que instruye la parte del “caso Gürtel” por su implicación en la trama corrupta de empresas que dirigía Francisco Correa.

López Viejo, el tercer aforado madrileño imputado en el caso, es un personaje controvertido, cuya carrera política se ha encontrado con frecuencia “bajo sospecha”: muchas veces indagado y acusado por los medios de comunicación, por los sindicatos, por la oposición, e incluso por algunos miembros del mismo PP, de ser un personaje con actitudes “despóticas y prepotentes” y con cierta tendencia a prácticas irregulares. Sin embargo, lo más relevante de la noticia es la nueva actitud del PP frente a este caso. Tras unos comienzos confusos y hasta contradictorios, después de varias semanas de dudas, excusas y declaraciones controvertidas, el PP decidió afrontar la realidad y cortar por lo sano. De modo tal que los diputados autonómicos madrileños implicados en el caso Gürtel dejan temporalmente de ser miembros del PP por decisión del Comité de Garantías.

La decisión del Comité –a diferencia de otras comisiones del PP cuyo trabajo ha sido más oscuro que efectivo- sirve para dar credibilidad a su actuación y, sobre todo, para justificar su existencia. Aunque a la suspensión (cautelar) de militancia se interpreta como la medida más extrema de un partido, no cabe duda que representa un acto debido. Cada vez que un miembro de un partido esté sometido a una investigación judicial, debería considerarse una buena costumbre su “alejamiento” del escenario político hasta que no quede clara su inocencia. El Comité de Garantías y el partido en general deben asumir la responsabilidad de gestionar situaciones difíciles, aunque sólo fuera por respeto a sus votantes. Tal vez, tomar decisiones que puedan parecer traumáticas resulta tan necesario como útil para construir una imagen correcta, honesta y legal del partido. En este punto –y quizá por traer la lección bien aprendida tras el descalabro de los años noventa- el PSOE ha venido siendo más diligente y rápido de reflejos que el PP. Es una buena noticia para el sistema político que los populares empiecen a acelerar el paso. Por otra parte, la decisión de Rajoy y de su partido de tomar una medida tachada de drástica podrá evitar que el caso Gürtel complique la campaña electoral europea del PP: se trata de eliminar las “manzanas podridas” desde su raíz en el intento de renovar la imagen de una clase política cada vez más cuestionada. El siguiente paso –en todos los partidos- debería consistir en la constitución de una suerte de “comisión de asuntos internos”, como el que tienen casi todas las policías de este mundo, para adelantarse a acusaciones ajenas, expulsando a los corruptos propios y poniéndolos a disposición de la Justicia. Sería un buen aviso para navegantes corruptos.
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