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Análisis

Juárez, la ciudad del luto

viernes 08 de mayo de 2009, 00:22h
Más de tres mil mujeres han sido desaparecidas, violadas, torturadas y asesinadas en Ciudad Juárez desde 1993, sin razón ni causa aparente. Ante este abominable fenómeno que denota una perversa animadversión hacia el género femenino, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha tomado cartas en el asunto, sentando en el banquillo de los acusados al propio estado mexicano.
“La víctima fue golpeada y estrangulada, violada por dos conductos, y presenta hematomas en el mentón y en el ojo. Vestía suéter cerrado blanco y pantalón azul”, de esta manera y en tres líneas una ficha forense resume el cruel crimen del que fue objeto Alma Chavira Farel de 13 años, la víctima número uno de una ola de asesinatos que en los últimos 14 años se ha cobrado la vida de más de 3.649 mujeres en Ciudad Juárez, dentro de los cuales, sólo 151 de los citados homicidios han sido sentenciados por la justicia mexicana; el resto se encuentran aún bajo investigación o pendientes de resolución.

Esto ha hecho que la urbe más grande del fronterizo estado de Chihuahua se convierta en el lugar más peligroso del planeta para ser mujer. El 40 por ciento de los feminicidios que han tenido lugar en Juárez, han sido a jóvenes que oscilan entre los 15 y 19 años de edad, mientras que otro 10 por ciento corresponde a menores de 10 a 14 años. Como si esta estadística fuera poca cosa, en lo que va de año ya han sido asesinadas en esta tierra de nadie, alrededor de 388 mujeres y niñas.

Ante semejantes cifras es inevitable peguntarse los porqués de tanta brutalidad y violencia hacia mujeres inocentes. Pero lo más alarmante es la desidia de la justicia y las fuerzas del orden mexicanas, que hasta el momento no han puesto en marcha medidas contundentes que frenen un fenómeno cuya evolución se muestra como una dolorosa purga del género femenino.

El estoicismo demostrado por parte del las autoridades gubernamentales a lo largo de 14 años frente a la masacre del que son víctima las mujeres de Juárez, ha forzado a que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tome cartas en el asunto, sentando en el banquillo de los acusados no a los culpables de dichos crímenes, si no al propio estado mexicano.

Ni una más


La CIDH inició a finales del mes de abril el procesamiento sobre el asesinato de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez. Tres que pudieron ser identificadas, de las ocho que fueron vejadas y asesinadas en Ciudad Juárez en 2001. Ellas sirvieron de argumento para llevar a cabo la demanda contra México, al que se le atribuyen los cargos de impunidad, y de falta de actuación e investigación, de los feminicidios ocurridos durante los últimos ocho años.

Los familiares de las víctimas, apoyadas por un importante grupo de letrados españoles, conformados por miembros del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE), la Confederación de Abogados Jóvenes y catedráticos en Derecho Internacional; han alzado finalmente la voz de las mujeres de Juárez con el propósito de hallar los niveles de responsabilidad de un Estado que ha de dar la cara ante estos hechos. Al respecto, las autoridades mexicanas presentes en el juicio, entre las que se encontraba, la procuradora general de Justicia del Estado de Chihuahua, Patricia González; reconocieron haber cometido omisiones e irregularidades en los feminicidios de Ciudad Juárez. Y es que la muerte de más de tres mil mujeres en 14 años es tan incomprensible como injustificable. Simplemente no hay lugar para las excusas.

El homicidio masivo de mujeres en el norte de México no puede ser visto como un hecho aislado. Por eso, los “bosques” de cruces rosas que se erigen a lo ancho de la estepa desértica de Juárez, no dejan de recordarle a sus habitantes, la incosteable deuda que tiene el estado mexicano con todas esas miles de almas como Claudia, Esmeralda, Laura y Alma, que fueron arrebatadas por la violencia de género para terminar siendo un expediente más.