Michelle Bachelet, la más valorada
viernes 08 de mayo de 2009, 00:22h
Según la última encuesta publicada en Chile, la aprobación a la labor de la presidente, Michelle Bachelet, ha alcanzado en abril pasado el nivel del 67 por ciento, cifra que nunca había logrado en los anteriores 38 meses de su mandato. Con este resultado, Bachelet consigue no sólo el mejor nivel de aprobación de su mandato, sino el mejor nivel que jamás había sido alcanzado por los presidentes democráticos que la precedieron, desde 1990 hasta la fecha. Sin embargo, el dato resulta aún más sorprendente si se considera que la población rechaza la forma en que los partidos nacionales (Concertación de Partidos de Gobierno y la Alianza, la oposición) están cumpliendo sus respectivos roles.
Teniendo en cuenta estos datos, parece que la población evaluara a la Presidenta de forma “independiente” a su Gobierno, aprobando su gestión política sin mejorar su opinión respecto a los miembros de su gabinete. Debido a la alta correlación observada entre el tema económico y la aprobación de la Presidenta, el discriminante a la hora de evaluarla resulta su manera de afrontar la crisis económica: por eso, el tratamiento de la crisis debe representar una de las prioridades de la Presidenta. Durante el periodo final de su mandato, la actual mandataria deberá seguir adoptando las medidas necesarias para superar la fuerte caída de la actividad económica del país y formular políticas eficaces para hacer frente a la desaceleración de la economía nacional. La criticada actuación del plan fiscal de estímulo económico (de 4.000 millones de dólares), utilizando los ahorros de un auge en el precio del cobre, resulta una medida efectiva, pero debe ser acompañada por otras de igual eficacia.
Finalmente, el gobierno de Michelle Bachelet, cercano al final de su legislatura, no deberá preocuparse sólo del manejo de la economía: la lucha contra la corrupción en organismos del Estado, el combate contra la delincuencia, la gestión del debatido Transantiago (el sistema de transporte público de la capital que generó una grave crisis a nivel nacional, tanto social como política, deteriorando fuertemente al gobierno de Bachelet) y el control de los precios al consumo y de la tasa de inflación deben seguir siendo tratadas como prioridades en la agenda política del actual gabinete. Los chilenos votarán en diciembre por un nuevo presidente: debido a la crisis mundial, le espera un año duro. Por eso, ante un escenario de incertidumbre generado por la crisis, Bachelet y su gobierno deben asumir con mayor firmeza los objetivos en el último año de su administración.
Dicho esto, es evidente que, comparativamente en relación a otros países de la región y aún fuera de ella, la situación de Chile es espectacular: una administración sería y un país con un presente consolidado y un futuro prometedor. Y, en concreto, la izquierda chilena –perfectamente homologable con la socialdemocracia de otros países occidentales- destaca por su solidez y seriedad en una región donde el populismo tercermundista está haciendo estragos. El partido socialista Chileno y la Presidenta Bachelet son un ejemplo de buen hacer del que podrían tomar lecciones la izquierda de varios países americanos y alguno europeo.