¡Viva el Vaticano!
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 10 de mayo de 2009, 13:06h
Nunca creí que fuese a decir esto y muchos estarán sorprendidos (mis abuelas las primeras): ¡Viva la Iglesia! No estoy loco (bueno, un poco sí) ni se trata de una “conversión en el camino de Damasco”: no, es un “dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”. Visto lo visto hoy en día, la Iglesia católica parece mi única aliada en la cruzada semanal contra Silvio Berlusconi: en un duro editorial de “L’Avvenire” (el diario de la Conferencia Episcopal Italiana) sobre la vida privada del Cavaliere, se subrayaba cómo “la política y el espectáculo, en un abrazo mortífero, han dado esta vez lo peor de sí mismos”, añadiendo que “un hombre político debe ser juzgado por lo que hace, por su programa y por la calidad de las leyes que contribuye a aprobar. Pero la condición humana de un líder, su estilo y los valores con que colma concretamente su vida no son indiferentes. No pueden serlo. Por eso seguimos pidiendo un presidente que, con sobriedad, sepa ser espejo, lo menos deforme posible, del alma del país”. Deus Gratia: no soy el único que considera absurdo y de mal gusto lo que está pasando. Como ya escribí en varias columnas, Berlusconi puede acostarse con quien quiera (excepto con miembros de mi familia) pero su vida privada no debe influir en su actividad pública. No puede reservarse un espacio público en la televisión para contarnos la fiesta de Nápoles y de papi: ¿Por qué no habló de los retrasos en las obras de reconstrucción de los Abruzzos?
Pero no sólo por eso le doy un aplauso a la Iglesia, creo que merece la pena considerar muy positivamente también su actitud respecto al tema migratorio: las actuaciones y declaraciones del Gobierno Berlusconi me horrorizan. La imagen de una Italia racista y xenófoba que está proyectando parece tan anacrónica como peligrosa. ¿Cómo se puede remitir hacia Libia un cayuco en dificultad y con gente en graves condiciones? Correctamente, el Osservatorio Romano subraya que “se han violado las normas internacionales sobre los derechos de los refugiados” en un acción muy poco ética. La introducción del reato de inmigración clandestina es un absurdo y una medida de dudosa utilidad. Obligar a los médicos a denunciar a los inmigrantes ilegales pertenece al género del horror y ya muchos se han declarado “objetores”. Además le explico una cosa al buen padre de familia con la pequeña afición a irse de prostitutas: como se explica claramente en un libro publicado en Italia (el “Malattie Veneree. Linee guida di diagnosi e terapie”), la meretriz extranjera, por miedo a ser expulsada, evitará someterse a controles de venereología con el evidente resultado que aumentan (y aumentarán) las infecciones veneras. ¿Y si fueran las plagas divinas? ¿Y pretender que los presides de los colegios denuncien los hijos de inmigrantes? Buena idea: de esa manera, no contarán con ninguna forma de educación y podrán dedicarse al mundo de la criminalidad (no le quedará más alternativas) en edad más joven, aprendiendo desde niños la "profesión".
Reservar vagones del metro a los italianos y a las mujeres (por el “mal comportamiento” de los inmigrantes) es el punto más alto de este delirio reformista-esquizofrénico (aunque no tendría muchas dudas en cual vagón subiría: no tanto por ser inmigrantes como terrone, sino por sentir literalmente asco a sentarme al lado uno de la Lega!) Es evidente que resulta una propuesta anticonstitucional, como subrayó el presidente de la Cámara, ya que la Carta Magna no hace “distinciones por razón de color de la piel, raza o lengua”. ¡Y basta ya de tachar cada gilipollez como una provocación! La inmigración debe controlarse: pero hay que evitar que Italia se convierta en un país racista. Los derechos humanos de los inmigrantes (como la salud y la educación) deben ser garantizados sin crear categorías de ciudadanos. Somos todos iguales delante de Dios y del Derecho Humano. Las nuevas leyes violan el derecho internacional, no encuentran ninguna base en el derecho nacional y contradicen las normativas europeas.
En un país sin alternativa o, mejor dicho, sin clase política, la Iglesia se presenta como voz crítica, mientras la izquierda se ha convertido en un vano recuerdo, la sociedad civil en la “bella durmiente”, los medios de comunicación en “el silencio de los inocentes”. Se acercan las europeas y no sé por quien votar: ya que no puedo votar más por las vedettes (no sólo porque algunas candidatas han sido retiradas sino porque mi abuelo me ha recordado que Gramsci no era nada guapo). Pues, me quedan algunas semanas…
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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