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Kamuy-Yukar o Cantos divinos de los ainus

Hidehito Higashitani
lunes 11 de mayo de 2009, 19:32h
El novelista Jean-Marie Gustave Le Clézio, el Nobel de Literatura de 2008 y considerado por la academia sueca como “investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante”, viene mostrando a lo largo de su carrera profesional un enorme interés por la excelencia de las culturas perdidas –la indígena de América, la del norte de África por ejemplo-. Y habrá que añadir a ello su interés por la cultura de los ainus y su fuerte espaldarazo para la reciente publicación por la editorial Galliamard de París del libro “Tombent, tombent les gouttes d’argent”, una de las obras memorables de esa cultura prácticamente desconocida por un lector medio. Esta versión francesa de la obra está supervisada y prologada por la conocida escritora japonesa Tsushima Yûko contando con el apoyo de Le Clézio.

Ya traté, hace unos meses en uno de mis artículos, de los ainus y de la aprobación unánime por parte del congreso de los diputados japonés de la resolución que reconocía oficialmente a los ainus como “el pueblo indígena que habita en la parte septentrional del archipiélago japonés, principalmente en Hokkaido y que posee su propia lengua, la religión y la cultura”.

Entre las pocas manifestaciones culturales de los ainus que se conservan hasta nuestros días se encuentra la colección de leyendas antiguas de los ainus recopiladas hace cerca de cien años por Chiri Yukie, entonces una muchacha de diecinueve años de la raza ainu. En 1923 se publicó en Tokio “Kamuy-Yukar o Recopilación de cantos divinos de los ainus”, trabajo realizado por esta jovencita con extraordinario talento literario, que por primera vez trascribió fonéticamente en letras latinas trece de los cantos oralmente transmitidos desde la época ancestral y realizó al mismo tiempo su traducción al idioma japonés.

La versión francesa recientemente publicada por Gallimard está basada en esta versión bilingüe ainu-japonés redactada por ella.

Chiri Yukie comenta en su prólogo del libro original de 1923:

“Antiguamente esta amplia tierra de Hokkaido había sido un mundo libre habitado por nuestros antepasados. Ellos vivían tranquilos y felices abrazados al seno de la hermosa naturaleza como unos niños sencillos y vivaces siendo unos auténticos hijos de la naturaleza realmente afortunados.

“La lengua que utilizaban nuestros queridos antepasados en su vida diaria para comunicarse mutuamente y aquellas hermosas palabras que ellos acostumbraron a utilizar y que transmitieron a sus hijos, todo eso está destinado a desaparecer irremediablemente y a quedar en el olvido tal como ocurre a todos los débiles y oprimidos condenados a perecer. Oh, eso sería demasiado lastimoso y triste.

“Yo, que he nacido con la sangre ainu y que he crecido con la lengua de los ainus, he recopilado algunos de los breves cuentos con los que nuestros antepasados se recreaban en sus tiempos de ocio, reunidos juntos en una tarde de lluvia o en una noche de nieve.”

Los ainus creyeron en la existencia divina (“Kamuy” para ellos) en todo lo que le rodeaba; animales silvestres -búhos, zorros, liebres, osos, lobos y nutrias-, plantas medicinales -acónitos y rocambolas- y fenómenos naturales –fuego, agua, viento y trueno-. Para los ainus los dioses toman provisionalmente estas apariencias cuando aparecen ante ellos. De esta manera, “Kamuy-Yukar”, cantos divinos, se transmitieron por vía oral de padres a hijos para expresar su respeto y adoración a sus dioses y al mismo tiempo para escarmentar a la humanidad por los abusos cometidos contra la naturaleza y el mundo que les rodean.

El primer canto del dios Búho comienza de esta manera:

“Alrededor de donde caen sin descanso las gotas de plata,
Y alrededor de donde caen sin descanso las gotas de oro”
Así voy cantando yo,
volando a lo largo de la corriente del río.
Y al pasar por encima de un pueblo donde habitan los hombres,
miro para abajo y me doy cuenta de que los pobres de antaño
ya se han convertido en unos ricos,
y los ricos de antaño, en unos pobres.”

A continuación el dios Búho es capturado por un niño. Pero ante el trato respetuoso hacia él de los miembros de la familia, el dios Búho les premia con unos ricos presentes.

Comenta Le Clezio:
“En los cantos divinos de los ainus -“Kamuy-Yukar”- se percibe una luz de esperanza para la reconciliación entre la raza ainu y el Japón”

Hidehito Higashitani

Catedrático de la Dokkyo University

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