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Excelente tarjeta de visita de Ivan Fandiño en su confirmación

martes 12 de mayo de 2009, 21:59h
“La terna muy por encima de un encierro manso de Pereda”.

La plaza casi se llenó. Más de tres cuartos. Lo habitual con estos carteles a excepción del fin de semana, con el lleno asegurado, por razones obvias.
José Luis Pereda mandó un encierro de correcta presentación –el quinto grandón y el sexto un buey-, bonito pero serio por delante y con hechuras de encaste. Cantando mansedumbre en los caballos. De juego deslucido pero ni se cayeron, menos el cuarto, y sí se movieron: siempre para mal, pero se movieron: el 1º manso, se dejó por el derecho.2º sin emplearse.3º violento, a oleadas.4º poca fuerza, protestado, no se vio.5º manso en burro.6º manso con peligro.

Abrió plaza toro de confirmación. Iván Fandiño, vasco de Orduña, cumplía su sueño de debutar en Madrid, como matador, a los 29 años y cuatro después de tomar su alternativa en Bilbao.

El primero lucía el hierro de La Dehesilla (segundos colores del ganadero onubense). Se movió, al trote. Topaba más que embestir y a poco arrolla a Fandiño en un quite por chicuelinas cumplidor. Sin emplearse en los caballos. No rompía el toro en la muleta, viniéndose al pecho por el izquierdo en faena que brindó al “aita” –en un tendido- con recuerdo a la “amatxu”. Le vio en seguida por el pitón diestro, que, sin humillar, el toro, pasaba. Bien colocado le sacó tandas cortas de mano baja y trazo limpio, todo muy ligado. Al menos tres o cuatro y con la cabeza despejada para optar por terreno entre las rayas y darle casi siempre los adentros donde el animal iba más franco por su tendencia mansa. Dispuesto, volvió a ponerse por el otro haciendo un esfuerzo no suficientemente agradecido y derrochando inercia a más y otra serie de remate por el pitón potable: estrategia. Mató de pinchazo arriba y estocada desprendida haciendo bien la suerte. Saludó una cálida y fuerte ovación.
El sexto lucía 535 kilos de carne, y menos cuernos que sus hermanos. Poca opción tuvo Fandiño para torear, sí para justificarse con decisión, tanto que se jugó una cornadita en la mano y una voltereta fea donde la mansedumbre del toro jugó a favor perdonándole cuando le tenía a merced tendido en la arena. Se sobrepuso, le pegó otro manojo de medios pases con gallardía y le entró a matar por derecho y arriba necesitando de un descabello al amorcillarse el buey. Con todo saludó una ovación sincera.

Atropellando capotes y razón bovina se comportó el tercero en los primeros tercios. Tampoco se dejó picar. Se vino a oleadas y pegando cabezazos, muy rebrincado. Morenito de Aranda no se afligió y le construyó una labor de firmeza, siempre a favor del toro y, cuando pudo, le dio algún muletazo con pellizco. Excelente labor, de no mucho eco, Madrid, con un toro a contra estilo. Mató de una estocada buena y saludó una ovación.
El quinto escandalosamente manso en los caballos. Grande y basto, con romana abundante, no el que más, amainó genio en la muleta para resultar soso, con media arrancada borricona. Excelente de composición y torería Morenito de Aranda le fue buscando, en distancia adecuada, el pitón contrario e irle dando pases con temple y gusto. Demasiado para lo que había. A este lo pinchó. Sale con buen ambiente de la feria

Antonio Ferrera sorteó para su primer turno un animal, también de La Dehesilla, moviéndose con la cara alta y cruzándose en los capotes. Tal condición dio un plus de emoción al tercio de banderillas que el extremeño consumó con ovaciones destacando el tercero, arriesgando mucho, por los adentros. Toro sin emplearse en la muleta, sin celo para repetir con bondad por el derecho, se seguía cruzando por el otro.. Lo entendió bien Ferrera no dejándole pensar y sin quitarle la muleta de la cara, consintiéndole su altura, y llevándole con temple consiguió lucir en dos series hasta que el toro se paró. Sin embargo “el despotismo inilustrado” no estuvo con el torero. Relativamente breve lo pinchó repetidas veces. Silencio.
El cuarto tenía buenos precedentes: Ferrera había indultado a un hermano en la pasada feria de Badajoz: Pero el toro ni gustó por sus hechuras ni por su poquedad de fuerzas siendo protestado durante toda la lidia, recrudeciéndose en el segundo tercio donde Ferrera hizo oídos sordos. Seguía perdiendo las manos y Ferrera tuvo que optar por abreviar y matarlo como pudo: abajo. Silencio.


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