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La chica de ayer

miércoles 13 de mayo de 2009, 19:12h
A principios de los ochenta, un puñado de músicos repletos de ilusión y talento se asomaron al panorama musical español con una fuerza inusitada. Constituyeron lo que acabaría denominándose “la movida madrileña”, en homenaje a la ciudad crisol de semejante maravilla, Madrid. Pistones, Mamá, Alaska, muchos son los que entonces llenaron con sus notas la noche capitalina. Pero hubo sobre todo dos grupos que abanderaron aquella generación: Nacha Pop y Secretos. El líder de éstos últimos, Enrique Urquijo, se dejó la vida en un portal de Malasaña hace apenas dos años. Ayer le toco el turno a su amigo Antonio Vega, alma de Nacha Pop.

Ambos, Enrique y Antonio, constituyen sin duda dos de las figuras más emblemáticas de la reciente historia de la música española. Sus trayectorias son, de hecho similares: ambos formaban parte de grupos familiares -Nacho García Vega y Antonio Vega eran primos, y en Los Secretos llegaron a tocar los tres hermanos Urquijo, Javier, Alvaro y Enrique-; su éxito, fulgurante, no era flor de un día, sino fruto de su inagotable calidad; y los dos eran enormemente respetados por sus compañeros de profesión. Con un estilo de composición parecido, Antonio Vega y Enrique Urquijo cantaban desde dentro, sabiendo estremecer como nadie. Los Secretos han dejado para la posteridad auténticos clásicos como “Ojos de perdida”, “Pero a tu lado” y su inmortal “Déjame”.

Nacha Pop será siempre recordado por “La chica de ayer”. Marga, para más señas -sí, la chica tenía nombre-, era quien solía enjugar esa lágrima que habitaba permanentemente en el corazón de Antonio, quien no pudo resistir su pérdida hace unos pocos años. No teniendo a quien cantarle, se fue apagando por momentos. Bien es verdad que su deteriorada salud, fruto de una vida no siempre bien llevada, hacía que los presagios invitasen poco al optimismo. Pero Antonio siempre revivía con la música, y aunque su espectral imagen hablaba por sí misma, esa personalísima voz y sus punteos de guitarra convertían cualquier interpretación de sus temas en un momento mágico. Por algo compuso “Lucha de gigantes”, “Desordenada habitación” o “El sitio de mi recreo”, canción ésta ante la que se agotan las palabras.

Antonio Vega es ya, por méritos propios, una de las leyendas de la música española. Pocos habrá a quien “La chica de ayer” no les evoque algún recuerdo agradable de sus vidas, y es que ése precisamente era uno de los méritos de Antonio: su música extraía como ninguna las emociones más íntimas y especiales, provocando sentimientos cuya hondura produce una mezcla de vértigo y nostalgia. En el cielo de los músicos, Enrique y Antonio echarán de menos su querido Malasaña, del que apenas queda una sombra de lo que fue. El espíritu del “Penta”, sobrevive únicamente entre estrofas de Antonio, y desaparecido “Rockola”, sólo queda el reducto de “La Frontera”, en Pozuelo, donde cada noche se pueden oír el auténtico sonido de la movida madrileña. Música en estado puro. Del resto, como diría José María Granados, “Nada más”. Gracias, Antonio. Nos dejaste mucho.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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