Argentina y las elecciones del 28 de junio
viernes 15 de mayo de 2009, 00:55h
En estos días, el ex presidente de Argentina, Néstor Kirchner, ha afirmado públicamente que la presidenta del país, su esposa Cristina Fernández, no dimitirá aunque su partido pierda las elecciones legislativas del 28 de junio. Los próximos comicios renovarán la mitad de los 257 escaños de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. El peligro que el oficialismo sufra una derrota parece más que real: mientras resulta difícil que el kirchnerismo mantenga una mayoría propia en la Cámara, en el Senado la situación seguirá siendo un equilibrio inestable. Para enfrentar la difícil elección legislativa, Néstor Kirchner se está volcando en la campaña electoral, definiendo su propia candidatura a diputado por la provincia de Buenos Aires.
La tensión dentro del oficialismo es evidente como demuestran los candidatos elegidos o el truco de las “candidaturas testimoniales” (los postulantes no asumirán las bancas que obtengan), estás últimas impugnadas por la oposición ante la Justicia. El Partido Justicialista (PJ) de Kirchner ha optado por candidatos que tienen una buena imagen pública o que tienen el control de los aparatos del peronismo en sus respectivas localidades. De esa manera, se intentará limitar el trasvase de votantes a otros peronistas alejados del kirchnerismo con los cuales mantienen relaciones.
Las candidaturas propuestas por Kirchner representan una especie de último intento o una medida para “limitar los daños”, apostando por nombres conocidos, dirigentes alineados “bajo presión” y candidatos obsecuentes. Pero, al mismo tiempo, demuestran que poco queda del homo novus que apareció en el escenario político argentino hace apenas seis años, propugnador de un proyecto alternativo y de una renovación de la clase política argentina tan urgente como necesaria. Además, confirma lo poco que queda del proyecto peronista de crear una coalición de amplio espectro. Las acciones del ex presidente están en baja y sus seguidores aparecen desmoralizados o críticos respecto a las candidaturas testimoniales. Sin embargo, Kirchner sabe que puede contar con algunos factores favorables: el recuerdo del notable crecimiento económico a lo largo de su mandato y, sobre todo, la fragmentación y la falta de liderazgo de la oposición.
No cabe duda que las elecciones serán de gran importancia: el riesgo que el poder se fragmente de forma excesiva debe preocupar (y no poco) a la actual mandataria. Está en juego la estabilidad de su gobierno. Para el futuro, Cristina Fernández y su marido deberán tener en cuenta sus errores: el desgaste del gobierno, los desaciertos de la política pública y el deterioro continuo de la situación económica. Habrá que ver no sólo como se plantean ahora las siete semanas de campaña electoral, sino su mandato en general. Gran parte del futuro de doña Cristina pasa por lo que ocurra en la provincia de Buenos Aires. Por esa razón Néstor Kirchner se ha volcado en esa provincia, donde una derrota podría ser letal. El futuro del matrimonio Kirchner pasa por Buenos Aires. Y Buenos Aires, sobre todo la capital, nunca ha sido una plaza fácil para el peronismo.