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Berlusconi y la virgen

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 17 de mayo de 2009, 13:43h
Reconozco que últimamente me siento bastante místico. Los últimos acontecimientos de Berlusconi parecen mezclar lo sacro con lo profano, lo público con lo privado, lo relevante con lo insignificante. Así mientras la Cámara de los Diputados somete al voto de confianza las tres enmiendas incluidas dentro del proyecto de ley sobre la Seguridad (que abarcan el tema de la inmigración, la criminalidad y la seguridad ciudadana), en Italia sigue siendo de actualidad la vida personal del presidente y de Noemi Letizia.

Los medios de comunicación consideran más interesante contar que el primer ministro italiano intenta olvidar sus penas de amor tras la petición de divorcio de su mujer en una discoteca de Sharm el Sheik: los periódicos nos describen un premier muy sonriente, vestido de azul marino que habla en ingles con las chicas rusas presentes en el local (¡horror! ¡En comparación, podríamos decir que Aznar tiene acento británico! ¡Es verdad que el único trabajo en que no se necesita conocer el ingles es para el de Primer Ministro!). Berlusconi toma un par de copas y habla con varias mujeres. Vamos, la clásica salida post-separación en que se “da todo” y se vuelve tímidamente a abrirse al mundo externo, terminando por hacer “poca selección a la puerta”. Pero eso a mí francamente no me interesa.

Alternativamente, los periódicos nos relatan la vida personal de Noemi Letizia, presentada como la chica que “desencadenó la petición de divorcio” y al que el premier regalo un collar de oro rosa y diamante de la colección “Sophia Loren” de Damiani: se le presenta como una chica normal que le encanta ir de compras, visitar al peluquero, hacerse crecer las uñas y pintárselas. ¿Normal? Reconozco que dudo que una persona supuestamente normal ofrezca una detallada descripción de sus uñas (color, tamaño: no sabía que en este campo eso contaba…) entre sus cosas favoritas y que describen su personalidad. ¡Generación hija de “Mujeres y hombre y viceversa”! Luego, anuncia que actuará en una película o una serie en que encarnará a la hija de una familia afectada por el terremoto de los Abruzos: ¡que bien! ¡Nos hacía falta una nueva tragedia para poder tener una nueva serie! Y ya que hay muertos, el éxito esta asegurado. ¡Ah! Añadió un “soy virgen”: cosa de gran interés para el país y noticia que dejará dormir tranquilos a muchos bienpensantes. Pues, la última chica que me dijo eso fue durante mis últimas vacaciones en Cuba en el intento de abatir mi desconfianza y llevarme a vivir una “noche cubana”: lamentablemente sus palabras perdieron credibilidad en el momento en que un niño, que le tendía la mano, le llamó “Mama”. Pero eso a mí francamente no me interesa.

Considero que el evento de mayor relevancia de esta semana en Italia ha sido otro: la inmigración clandestina se convierte en un delito, ampliándose hasta seis meses el periodo de retención de los indocumentados. La nueva ley ha sido decidida por el Parlamento mediante el voto de confianza: practica habitual de la política italiana (tanto de derechas como de izquierdas), agiliza la tramitación de una ley, eliminando los debates. Nada de discusiones y votación secreta. Lo mismo que decía Mussolini: ¿para qué perder tiempo debatiendo una ley cuando se cuenta con la mayoría absoluta que permite aprobarla por cojones? Recuerdo que Bukowski, en una de sus pocas citaciones sin sexo, afirmaba que “la diferencia entre una democracia y una dictadura es que en la democracia votas primero y luego recibes ordenes, mientras que en la dictadura no tienes que perder el tiempo votando”. Aquí tampoco se pierde tiempo: no vaya a ser que el debate sea algo constructivo o el dialogo una ocasión para reflexionar. Mejor seguir convirtiendo una democracia en dictadura.

Además de la tipificación del delito de inmigración legal, la nueva ley establece la obligación de denunciar a los inmigrantes italiano que se encuentran en Italia: vamos, si nos dan un premio por cada inmigrante encontrado (como hacían en los países de la ex Unión Soviética con quien delataba posible traidores o aquí en España con los rojos) ¡se abre la veda! Por cierto, debería sentirme más tranquilo: ahora se introducen las “rondas” de ciudadanos, una especia de “camicie negre” con el deber de señalar situaciones de riesgo. Con estas pintas y retóricas, ¿ellos son lo que deberían “protegerme”? ¡Manda huevos!

El riesgo evidente es que la integración social se vaya al garete. La política actual no hace otra cosa que alimentar el miedo y el odio al diferente: una retórica intolerante desemboca en una dialéctica racista y en una actuación paradójica y anacrónica. La acción del Gobierno Berlusconi confirma la deriva cultural del país, su alarmismo y la búsqueda de problemas alternativos para huir de las reales emergencias nacionales. Finalmente, si no nos quedan vírgenes en Italia, ¿podemos por lo menos no denunciar a las que lo son pero inmigrantes clandestinas?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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