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crítica

Juan Velarde: Cien años de economía española

domingo 24 de mayo de 2009, 18:59h
Juan Velarde, tras más de cincuenta años de generosa y fecunda actividad académica, ha escrito "Cien años de economía española", una breve y estimulante historia de los últimos 100 años de nuestra economía, que da una visión integrada de este siglo de claroscuros en el devenir de nuestra economía en el que se ha producido una definitiva transformación de la sociedad española.
Juan Velarde, tras más de cincuenta años de generosa y fecunda actividad académica, ha escrito una breve y estimulante historia de los últimos 100 años de nuestra economía, que da una visión integrada de este siglo de claroscuros en el devenir de nuestra economía en el que se ha producido una definitiva transformación de la sociedad española.

Empieza el análisis en los albores del Desastre, aunque, como transmite contundentemente Velarde, el desastre nacional no era la pérdida de las últimas colonias sino el hecho de que en España la renta per cápita y la esperanza de vida era similar a la de 1600, lejos del desarrollo de muchos países europeos. La respuesta a este auténtico desastre, mediante la modernización del aparato productivo al mismo tiempo que se empezaba a atisbar una política social, es la historia, más de fracasos que de éxitos, del primer tercio del siglo XX que narra Velarde con agudeza.

La estrategia proteccionista y el desarrollo del nacionalismo económico fue la opción elegida, pero esta opción no fue privativa de España. Pero más allá de la protección arancelaria, que podría estar inicialmente justificada por los argumentos de economía de escala e infant industries y más tarde por el proteccionismo de los demás, lo que llama la atención es que ya desde Maura se desarrolla un intervencionismo discrecional en la vida de los sectores económicos, que sienta las bases de una cultura de empresario más atento al gobierno que a los mercados, que no nos ha acabado de abandonar.

Queda muy claro del análisis de Velarde que los sucesivos gobiernos (incluso los de la Segunda República) sufrieron una enorme confusión normativa en su política cambiaria, lo que contribuyó muy negativamente a la marcha de la economía, pero esto también ocurrió en otros países europeos.

Respecto al rigor presupuestario, estuvo en el discurso de los líderes durante el primer tercio del siglo, incluso en la República, excepto en la Dictadura de Primo de Rivera, pero el equilibrio no se hizo efectivo en todos los años debido al rudimentario sistema fiscal. En la Dictadura, hubo, como apunta Velarde, una experiencia keynesiana en lo macroeconómico (sin Keynes, porque éste abominaría del modelo de asignación de recursos impuesto, brillantemente criticado, como recoge Velarde, por Flores de Lemus). La economía experimentó lo que se puede llamar un “chute” fiscal, que aceleró el crecimiento y aumentó los desequilibrios. El intento de corregir estos por parte del gobierno Berenguer, en un contexto mundial adverso e incomprendiendo el papel del tipo de cambio, fue un fracaso que contribuyó al cambio de Régimen.

El análisis de lo que Velarde llama los mitos económicos de la II República resulta ilustrativo de las deficiencias políticas de esa experiencia histórica tan esperanzadora en su inicio, pero tan convulsa y con tal brutal final.

Sobre el largo periodo de la dictadura franquista, tiene mucho interés el análisis del decisivo cambio que se produjo a finales de los 50 con el Plan de Estabilización. Resulta sugestivo el papel asignado a la recién creada Facultad de Políticas y Económicas para que la salida a un modelo agotado fuera la que fue. Quizá falte del análisis la referencia a un cierto parón, si no retroceso, que se produjo pronto en el proceso liberalizador y a las distorsiones en la forma de subvenciones, incentivos fiscales y circuitos privilegiados de financiación que se “traficaban” en las comisiones de los planes de desarrollo a partir de 1964.

La industria que se desarrolló en esa época de éxito económico sin precedentes sufrió mucho, hasta casi desaparecer, con las crisis del petróleo, en parte, como bien apunta Velarde, porque le fue adverso el radical cambio en los precios relativos, y en parte, también, por una fragilidad asociada a la forma en cómo se había desarrollado. Resulta interesante el análisis de Velarde de la transición política, de las primeras dudas justificadas por la incertidumbre política, de la importancia del shock salarial que se superpuso al energético y del éxito estabilizador del Pacto de la Moncloa.

La necesaria reforma fiscal, impulsada por Fuentes Quintana y finalmente realizada por Fernández Ordóñez tuvo su continuación en los primeros gobiernos de González, cuando, con Borrell de secretario de estado de Hacienda, se desarrolla una nueva estructura de gestión que cambia sustancialmente los códigos de conducta de los contribuyentes. Esto permitió la ampliación de los ingresos para financiar la profundización del estado del bienestar que se produjo bajo esos gobiernos, que era una demanda social incontestable. El libro reconoce las aportaciones de Boyer a la modernización tanto del sistema económico como del pensamiento del socialismo español, pero hace pocas concesiones a la política económica de los gobiernos González, que lidiaron con tenacidad, y fortuna desigual, con la reconversión industrial y bancaria y con el complicado proceso de descentralización autonómica e impulsaron la modernización del sistema financiero.

El necesario rigor presupuestario comenzado por Solbes a partir de 1993 fue continuado por Rato en los gobiernos populares, al que acompañó para su éxito una reducción sustancial de las cargas por intereses (gracias a las perspectivas de ingreso en el Euro, por el que el gobierno Aznar apostó con gran convicción) y también ingresos extraordinarios procedentes de la UE y de las privatizaciones.

Más allá de la confianza en el ingreso español en la Unión Monetaria y del rigor presupuestario no hay muchos elementos para identificar un modelo económico innovador en la era Aznar-Rato, como hace el libro. Apenas se hicieron las necesarias reformas estructurales y, en buena medida, el éxito económico estuvo basado, como lo ha estado en la primera legislatura de Zapatero, en un brutal apalancamiento de bancos, empresas y familias y en una fuerte inmigración.

Pese a las diferencias comentadas, el libro del profesor Velarde resulta estimulante e ilustra de forma aguda e integrada (y muy amena) la evolución de la economía española que ha terminado con siglos de atraso.

Carlos Sebastián
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