¿En Argentina termina la era del gas?
viernes 22 de mayo de 2009, 01:29h
De los tres combustibles fósiles que utiliza la humanidad para satisfacer su consumo energético el gas ocupa el tercer lugar, con una importancia relativa sobre el total del consumo de energía del 23 por ciento, por detrás del carbón que satisface el 26 por ciento del consumo global y bien por detrás del petróleo, que cubre el 37 por ciento. En la Unión Europea el gas cubre el 25 por ciento de la demanda total de energía, con Holanda y el Reino Unido como grandes consumidores (más del 40 por ciento) y en el otro extremo Francia que apenas cubre con gas el 15 por ciento de su consumo energético. Grandes variaciones también existen en el Mercosur, ya que la importancia del gas en Brasil no llega al 10 por ciento, mientras en Argentina supera el 50 por ciento. De esta manera Argentina se destaca como un país líder en materia de “gasificación” de su matriz de consumo energético, superada únicamente por el gran gigante gasífero que es Rusia, país donde el gas cubre el 55 por ciento del consumo total. Claro que hay una gran y preocupante diferencia entre Rusia y Argentina, ya que mientras Rusia tiene reservas de gas que cubren su actual producción por 75 años, esta relación se ubica en apenas 8 años en Argentina.
A lo largo de la década del noventa el ritmo de incremento de la producción de gas en Argentina fue mayor al de la expansión de las reservas, por lo tanto se fue reduciendo año a año la duración de las reservas en términos de la producción anual. En 1990 las reservas comprobadas cubrían 25 años de producción, pero en el año 2000 esta relación había caído a 17 años. Este coeficiente de reservas-producción anual se deteriora mucho más a partir del año 2000, pero esta vez no porque las reservas trepen menos que la producción sino sencillamente porque ahora las reservas disminuyen incluso en volumen. Es así como hacia el año 2007 las reservas comprobadas eran un 43 por ciento inferiores a las correspondientes al año 2000, se puede estimar así que el nivel de reservas hoy cubre apenas 8 años de la producción actual. Esta merma de reservas de gas es altamente preocupante ya que equivale a la producción acumulada por casi 7 años, lo cual indica una significativa perdida de capital en este recurso, que si bien es natural hay que invertir mucho para encontrarlo en la naturaleza. El declinante esfuerzo exploratorio es el talón de Aquiles del sector energético argentino, particularmente en gas. No estamos en presencia de una maldición geológica sino que estamos ahora recogiendo los frutos de políticas carentes de visión estratégica, que son las principales responsables de esta marcha hacia la pérdida del autoabastecimiento no solo de gas sino también de petróleo. Por este motivo se requiere la urgente implementación de un plan de exploración de hidrocarburos para ser ejecutado por inversores privados, basado en licitaciones transparentes, abiertas y competitivas. Pero para que el plan sea creíble y movilice capitales de riesgo es indispensable un amplio acuerdo político, que exprese el consenso de quienes gobiernan hoy pero también de quienes puedan gobernar mañana.
El mayor esfuerzo debe estar orientado hacia el gas que, como no es un commodity global como el petróleo, se moviliza en ámbitos regionales más reducidos, potenciando así su importancia geopolítica por la gravitación de la cercanía geográfica entre países exportadores e importadores. La madre de todas las batallas por la seguridad energética se librara por estas razones en el sector gasífero ya que, como hemos dicho, en pocos países el gas es tan importante como en Argentina. El gas no solo es esencial para el confort familiar, sino que también es un insumo crítico en las muchas actividades productivas que necesitan de gas abundante para potenciar sus ventajas competitivas. Alrededor del 60 por ciento de la generación eléctrica depende del gas. Con 1,6 millones de vehículos impulsados por GNC Argentina lidera la transformación tecnológica que significa este reemplazo de petróleo por gas en los automotores. La industria petroquímica y la producción de fertilizantes clave para la agricultura dependen además del insumo gasífero. No es una exageración decir que el ritmo del crecimiento económico en Argentina dependerá en el futuro del acceso a suministros seguros de gas a costos moderados.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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