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Crónica

El extraño caso de Rodrigo Rosenberg

sábado 23 de mayo de 2009, 14:28h
Un asesinato, un vídeo y una trama de corrupción han convertido a Guatemala en el centro de atención de la comunidad internacional. A lo largo de los últimos días, en América Latina no se habla de otra cosa que del crimen que acabó con la vida del reputado abogado de 47 años y padre de cuatro hijos, Rodrigo Rosenberg Marzano, a quien la muerte le dio la bienvenida con tres impactos de bala en una mañana de domingo mientras hacía ejercicio en su bicicleta.
Un asesinato, un vídeo y una trama de corrupción han convertido a Guatemala en el centro de atención de la comunidad internacional. A lo largo de los últimos días, en América Latina no se habla de otra cosa que del crimen que acabó con la vida del reputado abogado de 47 años y padre de cuatro hijos, Rodrigo Rosenberg Marzano, a quien la muerte le dio la bienvenida con tres impactos de bala, en una mañana de domingo mientras hacía ejercicio en su bicicleta.

Al principio todo parecía indicar que se trataba de uno de los tantos ajustes de cuentas, que incesantemente engordan los expedientes de las morgues y los archivos policiales latinoamericanos. Sin embargo, lo que nadie podía imaginarse es que Rosemberg estaba consciente de que tenía los días contados, y que más temprano que tarde correría la mismo destino que su cliente, el empresario Khalil Musa, asesinado junto a su hija Marjorie, el pasado 14 de abril, al sur de la capital guatemalteca.

Detrás de la muerte de los Musa se esconde uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia reciente del país centroamericano. Los hechos conducen a que Khalil Musa, miembro de la junta directiva del Banco de Desarrollo Rural (Banrural), no estaba dispuesto a encubrir las presuntas actividades ilícitas que ha llevado a cabo la entidad financiera desde que Álvaro Colom está en el poder, las cuales sugieren que están vinculadas a la desviación de fondos públicos a programas “fantasmas” de la primera dama de la Nación, Sandra Torres de Colom; así como el lavado de dinero y hasta el narcotráfico.

Por lo que Rodrigo Rosenberg se convirtió, sin querer, en uno de los testigos claves de una peligrosa trama que compromete seriamente el gobierno del presidente Álvaro Colom y su séquito. Tras el homicidio de Musa, era inevitable que el abogado no comenzase a temer por su propia vida. Pero en vez de huir de un destino que pudo haber evadido, prefirió verse cara a cara con él.

Un escritorio y una tela azul de fondo, fue el escenario dispuesto por Rosenberg para dejar constancia de un testimonio que duraría 18 minutos de vídeo. El periodista Mario David García, fue el responsable de grabar una evidencia, que abriría con unas palabras que dejaría helada a la nación guatemalteca: “"Si usted esta viendo este mensaje es que yo, Rodrigo Rosenberg Marzano, fui asesinado por el secretario privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, y su socio Gregorio Valdez (empresario vinculado al gobierno), con la aprobación del señor Álvaro Colom y de (su esposa) Sandra de Colom".





De acuerdo con las declaraciones de García, publicadas por el periódico local Prensa Libre, el abogado había llegado a su domicilio unos días antes de su asesinato para entregarle un texto con las indicaciones del vídeo que debía grabar. Según el periodista, Rosenberg le había dicho que “estos que me puede matar no deben quedarse sin pagar el delito cometido. Te entrego mi testamento”.

El 10 de mayo Rodrigo Rosenberg es tiroteado mientras montaba su bicicleta en un lujoso barrio de la Ciudad de Guatemala. Como si se tratara de un guión de Alfred Hitchcock, su premonición se cumplió y el “vídeo testamento” no tardaría en circular.

A primeras horas del lunes 11 de mayo, tanto los medios de comunicación guatemaltecos como los internacionales, se hicieron eco de la noticia y abrieron los titulares con la imagen de Rodrigo Rosenberg, digiriendo los nervios, a medida que dejaba constancia de su último alegato como letrado. Un total de 150 copias del vídeo, fueron distribuidas por ex asesor presidencial y amigo del abogado, Luis Mendizabal, que fue el responsable de dar fe de su validez a los periodistas y los organismos nacionales e internacionales.

Al respecto, Álvaro Colom no ha dejado de defender su inocencia, asegurando que “no ha matado a nadie” y que “tiene la consciencia limpia”, por cuanto no tiene intenciones de desistir del cargo. Una situación que ha dado pie a numerosas movilizaciones por parte de la oposición guatemalteca y de la ciudadanía en general, que exigen que el mandatario deje el Ejecutivo y se someta a una investigación.





Recientemente la plataforma “Movimiento Cívico” entregó al Parlamento de ese país, un documento con la firma de más de 35.000 personas, que demanda que Colom sea despojado inmediatamente de su inmunidad, a fin de que pueda ser procesado por la Fiscalía y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Pero el escrutinio de la opinión pública tiene más sus ojos puestos directamente sobre el secretario privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, y su socio, el empresario Gregorio Valdez, que sobre el mismo presidente.

Mientras, millones de guatemaltecos se preguntan ¿Quién mató a Rodrigo Rosenberg? La interrogante no sólo atormenta a los familiares y amigos del abogado, si no a una nación entera que ve lo frágil y lo endeble que es la institucionalidad de su propio Estado. Un Estado que siempre se ha visto engullido por las enormes y afiladas fauces de la corrupción.