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Ni Una, ni Grande, pero Libre

sábado 23 de mayo de 2009, 15:10h
Uno de los lemas del franquismo fue “¡Una, Grande y Libre!”. Por “una” se entiende indivisible, negando la posibilidad de cualquier separatismo o descentralización, por “grande” ha de leerse su pasado imperial y por “libre” “no estar sometida a influencias extranjeras”, en referencia a la imaginada conspiración Judeo-masónico-comunista internacional, una obsesión de Franco. Hoy España ha dejado de ser “una” y es “libre” propiamente dicho, ¿pero es grande? Según un interesante comentario de Charles Grant, Director del Centro para la Reforma Europea de Londres, un influyente think-tank, España es un país “pequeño” y cree que quedara así, en términos de la Unión Europea. Esto, dice, “encierra una extraña paradoja” porque “aunque se trata de uno de los Estados miembros más europeístas, es el que menos influencia tiene de los seis países más grandes.”

No siempre ha sido así. Felipe González inventó el concepto de ciudadanía europea y los fondos de cohesión y José María Aznar contribuyó al lanzamiento de la Agenda de Lisboa para las reformas económicas en el año 2000. Sin embargo, durante la presidencia de José Luís Rodríguez Zapatero, “la influencia española en los consejos europeos ha menguado.” Países más pequeños como Holanda y Suecia, a menudo tienen más voz en la creación de políticas de la UE.

Parece que el Gobierno tiene intención de desempeñar un papel más enérgico en la UE, impulsado por la presencia de Obama en la Casa Blanca y la presidencia española de la UE en la primera mitad de 2010. Grant tiene sus dudas.

El Real Instituto Elcano ha publicado un constructivo análisis del papel que España puede y debe jugar en los organismos de gobernanza global en el actual contexto de crisis financiera y reconfiguración de los centros de poder internacionales.* Va mas allá del UE-20 de que Grant habla. “Tratándose de un país de sólidas convicciones europeístas,” dice el análisis, “un mayor protagonismo español a nivel global no puede sino redundar en beneficio de la UE en su conjunto. Europa es, desde luego, más que la suma de sus partes, pero su relevancia también radica en la importancia de esas partes.”

A juzgar por los esfuerzos de Zapatero de incluir a España en el G-20, el Gobierno quiere que España esté entre los grandes o, al menos, se destaque más al nivel global, ¿pero esta preparado para esa responsabilidad?

La responsabilidad que conlleva ser grande –y aspirar a ejercer un cierto liderazgo global– tiene su correlato en los crecientes compromisos de esfuerzo financiero y humano que hay que realizar por parte de la diplomacia o las Fuerzas Armadas españolas. Sin embargo, como dice Elcano, para quien yo trabajo pero no en este informe, “el problema estructural de nuestro escaso presupuesto militar (el más bajo de la OTAN sobre el PIB) o el reducido número de diplomáticos y misiones (por debajo de los Países Bajos o Suecia) ha de ser atendido si se desea ganar la apuesta del protagonismo en la globalización.”

Elcano concluye, en mi opinión acertadamente, que “la efectividad de la política exterior depende, en gran medida, de la fortaleza interior. Si el principal activo exterior de España es su éxito interno, su principal desafío está también en sus evidentes carencias internas.” Estas residen básicamente en la educación y el conocimiento científico y, muy vinculado al anterior, en el de la baja productividad, con la consecuencia de una reducida competitividad externa y una alta dependencia de la financiación exterior. Y al margen de las reformas estructurales, el Gobierno debe dotarse de mayor claridad estratégica y de mayor fortaleza y efectividad a la acción exterior. No es buena señal que más de la mitad del recorte del gasto público recientemente anunciado por el Gobierno haya salido de los ministerios de Ciencia y Exteriores.

(*) www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/Elcano_es/Zonas_es/00033

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