El gran fiasco político
María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 24 de mayo de 2009, 20:06h
Que si Mayor Oreja es un vago, que si Camps es un aprovechado, que si Zapatero no tiene ni idea de cómo gestionar la situación, que si Chacón la ha pifiado con lo del cuartel de Hoyo de Manzanares… Estas son algunas de las lindezas que nuestros políticos se han dedicado a lo largo del fin de semana.
Programados de forma específica para ello, escupen ataques cargados de ironía, sarcasmo o, simplemente, mala leche hacia el bando contrario. Que ya se sabe: calumnia, que algo queda.
En ocasiones, las menos, reconozco que alguno de ellos consigue arrancarme una sonrisa, y también es cierto que son nuestros altavoces y quienes están legitimados para decirse lo que los demás pensamos. Eso sí, desde el respeto y las buenas maneras. Esa, al menos, es la teoría.
Y tan entretenidos estamos entre insultos, gripes, corrupciones y otros juegos de magia envueltos en humo y grandes artificios que casi siempre logran lo que se proponen: que nos estemos quietecitos en un rincón con las palomitas en la mano viendo la función mientras los grandes asuntos duermen el sueño de los justos.
El problema es que cuando se acaba la representación y cae el telón, una sensación de vacío se apodera de los espectadores, que habían puesto sus expectativas y sus ilusiones en ella, en sus actores, en el guión... Eso ocurre la primera vez. Cuando se han visto decenas o, incluso, cientos de funciones, el vacío da paso a una indignación irrefrenable. Así estamos muchos: indignados ante el lamentable espectáculo al que asistimos.
No entro en la forma. Si tirarse los trastos a la cabeza es el único lenguaje que manejan, que lo usen, pero que lo que se arrojen los unos a los otros sean medidas contundentes contra la crisis, planes urgentes y efectivos para atajar el crecimiento del número de parados, propuestas de reforma del mercado de trabajo y cualquier otra idea que pueda ser útil a la hora de sacar a España de esta delicada situación.
No se dan cuenta, unos y otros, de que tienen ante sí una oportunidad única para lucirse, para demostrar que sus ideas son mejores que las de los demás, para ayudar a los ciudadanos a, por lo menos, poder conciliar el sueño, porque igual no tienen trabajo hoy, pero disfrutarán de la tranquilidad de saber que alguien en este país sabe qué es lo que hay que hacer en una situación como esta.
Y si esto no les motiva, que sea la codicia, que el fin justifica la ambición por un puñado de votos en estos casos. Una gran idea, la valentía de proponer medidas arriesgadas que den sus frutos aupará a quien la ideó al poder o lo mantendrá en él.
Sí, señores, necesitamos volver a confiar, necesitamos ideas brillantes, necesitamos grandes políticos de los de antes, necesitamos soluciones y, sobre todo, volver a dormir por las noches. Mientras ese día llega, resignados, cogeremos las palomitas este lunes para ver una de Mayor Oreja con López Aguilar. Que alguien se estrene, por favor.
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Subdirectora de EL IMPARCIAL
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