Piratería
lunes 25 de mayo de 2009, 22:05h
Constituida secularmente como delito de piratería en su manifestación marítima más genuina y grave, como un atentado recogido en la legislación penal especial, a excepción del Código penal de 1.928 que la describió cabalmente, desde hacía tiempo, dió lugar a la concreción de una especie de tipo de autor criminológico, como era el pirata, y hasta su fisionomía era cantada en las coplas infantiles: ojo de vidrio, pata de palo y cara de malo. Era un clásico del llamado Derecho penal internacional. En el S. XXI nos resulta realmente un tanto arcaizante la aparición de piratas marítimos que no lo sería si lo fuesen aéreos, o como frecuentemente sucede en nuestros días, contra la propiedad intelectual, objeto de grave confrontación entre determinados sectores de usuarios de Internet con la recién estrenada Ministra Sra. González Sinde a la que solicitan su cese o dimisión.
Pero, la noción que interesa aquí es la de piratería naval, en sentido estricto, como un atentado, y muy grave, a la libre circulación de los mares por barcos mercantes y/o pesqueros. Al modo como hacen, en la actualidad, los zarrapastrosos piratas somalíes que están creando gravísimos problemas concretos, de muy difícil solución a una serie de Estados que navegan por medio de sus buques en el ejercicio del derecho de gentes y se ven asaltados por una serie de individuos, armados e impresentables, como es natural, que apresan a la tripulación, se hacen con el buque y con su carga. En nuestro país, ya Felipe II fue el primer monarca que luchó denodadamente con sus galeones contra la piratería naval, creando una fuerte protección militar para disuadir o reprimir a las naves piratas, algunas veces sin resultado, pese a la valentía que desplegó nuestra histórica fuerza naval. Entonces, según se dice, constituía una verdadera plaga haciendo muchas veces imposible la navegación de nuestros barcos por las aguas internacionales que separaban los territorios del gran imperio español del S. XVI. Pero, esos piratas no tienen nada que ver con los actuales, porque estos son expresión de un Estado caótico, sumergido en una aguda pobreza, corrompidas sus autoridades hasta los tuétanos y sin control y si me apuran protegidos en régimen de encubrimiento y complicidad por esas mismas autoridades somalíes.
Ahora, según me informo por la prensa periódica, española y extranjera, al frente de las fuerzas de la CEE, de vigilancia de dicho desmán se encuentra un marino español que comanda la fragata ”Numancia” y que, según tengo entendido, se ha visto obligada a hacer fuego disuasorio contra esos pretendidos piratas que, como era de esperar, huyeron velozmente. Al margen de la conveniencia o no de que los buques de gran tamaño, grandes petroleros, etc, lleven una cierta autoprotección armada, la cuestión está muy clara. En este caso, no hay que esperar ni siquiera, a que los USA tengan que resolver unilateralmente un problema que afecta a toda la sociedad civilizada. La organización comunitaria europea podría desempeñar la punta en lanza de una cuestión barata y no muy tediosa. Por la naturaleza en que se producen esas actividades de piratería, según me informan, no cabe la menor duda de que tienen una protección desde tierra y en tierra es donde debe desplegarse su lucha preventiva. Aunque Somalia se encuentre en un Estado colectivo miserable, desde luego sus autoridades, más o menos corruptas, habrá que convencerles que no les interesa que germine, cuando menos la tolerancia, que están desarrollando con los piratas y que deben desempeñar las funciones preventivas o represivas que les corresponda con sus fascinerosos piratas. No creo que tenga gran dificultad. La simple amenaza de una invasión armada, sería un argumento a emplear como última ratio para convencerles de la protección que deben dispensar a la libertad de circulación de los mares. No necesita la CEE para ese menester que los poderosos USA sean quienes les resuelva a ella y al mundo dicho agudo y osado y, extravagante problema. La CEE tiene, en principio, si quiere, medios bastantes para proteger, eficazmente, a los buques y pesqueros, españoles, franceses, italianos, daneses, etc que, seguramente, lo han venido necesitando. La labor de vigilancia, simplemente marítima, sin la pasividad que parece que desempeñan las autoridades somalíes se convierte en algo complicado por la movilidad que conllevan los ataques desde el mar por parte de ciudadanos somalies. Creo que sería un éxito bastante fácil, la extirpación de dichos ataques, contra algo, que en el S. XXI nos parece piezas de museo. Quizás una intervención seria, diplomática, o de la índole que fuese de la CEE sería un tanto muy positivo y no quedar, a las resultas de actuaciones militares de cada país cuando se sienta singularmente atacado. Quizás así los ciudadanos europeos veríamos que la CEE resuelve algo colectivo y quizás así la inhibición a la hora de votar sería inferior, a la que se avecina en España y países Europeos.
Nuestros políticos y los europeos tienen la palabra.
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Catedrático de Derecho Penal
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