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análisis de iwd

Fin de fiesta: la crisis española tiene raíces estructurales

jueves 28 de mayo de 2009, 11:34h
España, el antiguo país modelo de la Unión Europea, se está viendo fuertemente sacudida por la crisis económica y financiera. Es probable que la economía se contraiga considerablemente en los dos próximos años. Pero las verdaderas causas de los problemas son internas. Este es el análisis de IWD, Instituto de la Economía Alemana, recogido por el Instituto de Estudios Económicos.
Hace apenas tres años a España se le aplicaban todos los superlativos: milagro del empleo, estrella del crecimiento económico y gigante económico. Estos eran los calificativos que utilizaba nuestra prensa y desde luego los elogios no carecían de fundamento, ya que España ha aumentado su producción a lo largo de los últimos tres años en torno a un 2,9 por ciento anual, mientras que los restantes países de la eurozona conseguían un crecimiento anual en torno al 2,1 por ciento.

La buena situación económica ha permitido a España sanear sus finanzas públicas y reducir su tasa de desempleo a un 8 por ciento, un nivel muy bajo para España. Hoy en día, sin embargo, la crisis financiera y económica tiene atenazada a la península en el suroeste de Europa. España se enfrenta a un grave hundimiento: para este año la Comisión Europea prevé una caída del PIB alrededor del 3 por ciento y para el 2010 la economía puede volver a caer en torno a un 1 por ciento.

No cabe, por tanto, afirmar que todo haya salido bien, sobre todo teniendo en cuenta que gran parte del retroceso se debe a razones internas. La política de dinero barato, es decir de bajos tipos de interés, ha generado un boom sin parangón en el sector de la construcción. Gracias a los créditos baratos, los españoles parecían poder permitirse la adquisición de una casa o de una vivienda, al tiempo que el aumento del precio de los inmuebles les parecía garantizar una seguridad material. En los últimos ejercicios en España se han construido en torno a 800.000 viviendas por año, más que en Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña juntos. La contribución de la construcción al PIB español alcanzó en 2008 casi un 12 por ciento, mientras que en la zona del euro la construcción aportaba en promedio sólo la mitad de esa cifra.

Sin embargo, la fiesta ha terminado tan deprisa como comenzó. En estos momentos se acumulan las viviendas vacías y las construcciones sin terminar son un fiel reflejo de unos cálculos erróneos. Como consecuencia se han frenado los pedidos, el sector de la construcción ha dejado de ser el motor de la economía, las empresas y los ciudadanos están reduciendo sus gastos y se están perdiendo puestos de trabajo. En resumen las perspectivas para España son sombrías.

En el mercado laboral la rigidez en las condiciones de despido ha llevado a una situación en la que una tercera parte de los trabajadores tienen contratos temporales. A lo largo de los últimos años se ha creado empleo con la misma rapidez con la que ahora se está destruyendo. La tasa de paro puede llegar este año al 17 por ciento y aumentar en 2010 incluso a 20 por ciento, sobre todo, los jóvenes parecen estar poco preparados para afrontar las exigencias del mercado de trabajo, ya que en estos momentos casi un 30 por ciento de las personas menores de 25 años están buscando un empleo.

Por lo que respecta a la situación de las finanzas públicas, la Comisión Europea prevé un déficit público de casi un 10 por ciento en el año 2010, cuando según el Pacto de Estabilidad el máximo admitido está en un 3 por ciento. Este gigantesco agujero financiero volverá a incrementar el endeudamiento estatal y con ello se invalidarían los éxitos logrados en materia de consolidación presupuestaria en el pasado.

La competitividad española se está reduciendo. Debido a que los aumentos de los salarios en España están vinculados al incremento de los precios al consumo, la competitividad internacional de la economía española empeora especialmente en épocas de elevada inflación. Las exportaciones se debilitan y se producen elevados incrementos de las importaciones, con la consecuencia de que este año se puede generar un déficit de la balanza por cuenta corriente en torno al 7 por ciento del PIB. Ya que España forma parte de la zona del euro no cabe recurrir, como en el pasado, a una devaluación de la moneda nacional.

Para evitar lo peor, el Gobierno español ha recurrido de modo considerable al gasto público: los programas de apoyo a la coyuntura suponen más de un 2 por ciento de la capacidad de producción española y el apoyo al sector financiero supone otro 5 por ciento. Pero los problemas estructurales de España no se pueden solucionar sólo con dinero.
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