China: silencio en el aula
Martín Juaristi
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mjuaristielimparciales/10/1/10/22
sábado 30 de mayo de 2009, 17:50h
Enseñar español en China tiene notables ventajas respecto a hacerlo en otros países. Tan sólo la pompa con la que muchos centros escolares y universitarios celebran el día del maestro (en el que los alumnos hacen regalos a los profesores, y se organizan auténticos festines acompañados tómbolas y espectáculos de variedades para conmemorar el nacimiento de Confucio) es prueba de un aprecio por la labor docente que nos asombra a muchos extranjeros. Cabe matizar que dicha celebración se instauró a comienzos de los 80 como compensación de los desmanes de una revolución cultural que persiguió a los profesores como quintacolumnistas reaccionarios, pero pocos discuten que, por lo general, los alumnos chinos son más reverentes que los occidentales.
Sin embargo, esta cortesía va muy unida al problema del que nos más nos quejamos los docentes extranjeros, y es que hacer que los alumnos participen de forma voluntaria y distendida es aquí una tarea casi imposible.
El silencio del alumno chino es algo que trae de cabeza a la mayoría de los profesores y teóricos de la enseñanza en China. Aunque no hay mucho consenso sobre el culpable (el confucianismo, la milenaria sucesión de regímenes absolutistas, el comunismo, la superpoblación del país y de las aulas...) casi todos parecen estar de acuerdo en que, bajo la influencia de algún siniestro aspecto de su tradición cultural, el alumno chino prefiere esconderse en la cómoda mediocridad del anonimato colectivo que tratar de destacar y exponerse a las críticas del profesor o los compañeros.
Nada que objetar, por mi parte, aunque creo que es algo que también tendríamos que mirarnos en España. Hace poco, hablando de esto con una compañera de profesión, comenté que, en mis tiempos de estudiante, había muchas clases que se convertían en una tortura porque el profesor se empeñaba en hacer hablar a unos alumnos que no estaban nada por la labor. Mi amiga, por su parte, recordó cuál era la mayor preocupación entre los alumnos de su facultad al empezar cada curso: “y este profe, ¿pregunta o no pregunta?”
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Filólogo
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