Berlusconi, Lolita y las muchachas
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 31 de mayo de 2009, 14:08h
Italia sigue pendiente de Noemi Letizia: poco importan las elecciones europeas, no interesa la crisis económica. La gente quiere saber de la muchachita: vox populi, vox dei. Así que los periódicos arrinconan la actualidad y se llenan de entrevistas a amigos, ex novios, tías lejanas... y recogen hasta las confesiones íntimas del frutero de confianza de la familia Letizia. ¿Cómo se conocieron? ¡Dios, qué curiosidad! O mejor ¡qué morbo! Parece que, por casualidad, un “book” de moda de ella estaba en su mesilla de noche (vamos donde yo tengo “Oceano Mare” de Baricco). Luego, Berlusconi la invito inocentemente a Cerdeña por fin de año a su villa, “exigiéndole” que llevase una amiga (lo mismo que pedía Benigni a Troisi en “Non ci resta che piangere”). De allí el nacimiento de una amistad que va más allá de la edad…
Mientras tanto, Berlusconi ha cumplido el primer año de su tercer Gobierno, un mandato caracterizado por un populismo descarado y el acérrimo deseo de gozar de la inmunidad-impunidad judicial. La situación parece recrudecerse y las críticas al primer ministro se van acumulando. Hasta la Iglesia católica pone en discusión la política económica y migratoria de su Gobierno, recordando al Cavaliere que no goza de la “inmunidad moral”. ¡Como los niños, cada día descubre algo nuevo! Además la sentencia del caso Mills comprueba la implicación de Berlusconi en el soborno del abogado británico. Pero bueno, como sabiamente afirma el presidente del Consejo, “la justicia es una patología del sistema”. Todo esto en medio de una izquierda desaparecida (¡me parece haber visto una foto de Veltroni en un cartón de leche!), de una oposición a trozos, de unas instituciones débiles e ideologizadas, de la propaganda racista de la Liga Norte, de una prensa cada vez menos libre y más impotente respecto a “un hombre muy rico, muy potente y, cada vez, más cruel” (definición del Financial Times), de una sociedad civil adormecida y desinteresada.
Por eso, menos mal que el culebrón de Noemi quita importancia a los problemas serios del país: mejor presentarla como una “maniobra para derrocarme” que discutir seriamente de las escasas medidas adoptadas por el Gobierno en lo que va de su mandato. Nadie se atrevería a poner en discusión la credibilidad personal de Berlusconi. ¿O sí? Por si a caso, el otro día juraba por sus hijos que no había hecho nada malo. Pues, si lo jura, me lo creo. No puede jurar en falso sobre la cabeza de sus hijos. ¿Cómo no creer a un hombre que hace pocos días, desde su oficina en el Palacio Grazioli, afirmaba que “nunca he metido la pata, ni siquiera una vez, todos las meteduras de pata las han inventado los periódicos”?. Pobre incomprendido.
Italia se cándida a ser un ejemplo deletéreo en el panorama europeo, con un líder pasional que legitima su poder sobre la bases de los sondeos sin tener en cuenta que estos son volátiles, una instantánea que refleja los humores de un país cuya naturaleza voluble y flotante desestabiliza a cualquier sociólogo. Gracias a él, las conversaciones sobre Italia en el mundo giran en torno a su sexualidad, su libido, sus escándalos, sus picaría o sus bromas de cuestionable gusto. Mientras su vida privada se convierte en pública, la imagen de viejo sátiro, que ha sustituido las camisas negras por un núcleo de bailarinas, se alimenta e Italia parece vivir una novela picaresca al estilo del Satyricon de Petronio. Sagazmente a la pregunta de qué libro le regalaría al primer Ministro italiano, Umberto Eco, que tuve el honor de conocer la semana pasada y que me impresionó por su genial sarcasmo e inteligencia, contestó “vistas sus últimas noticias le regalaría “Lolita” de Nabokov”. Muy buena sugerencia y Berlusconi que afirmó hace tiempo que "no lee" se arrepentiría de no hacerlo.
Finalmente, el fin de semana pasado, discutiendo con unos colegas de la “diáspora berlusconiana”, comentábamos la estrategia de la distracción: Noemi, las fotos prohibidas de su harem lleno de muchachas, enanos y bailarinas en aviones del Estado, los chistes, la tragicomedia resultan funcionales a su actuación política, para que el teatro de la baja política siga en marcha, arrinconando las exigencias nacionales. El país necesita reformas estructurales y constitucionales, debe plantearse como superar la crisis (el paro se mueve en torno al 10% y el PIB cae casi de un 5%), las “emergencias nacionales” (¡ojo que pronto se volverá a hablar de la crisis de la basura en Campania!) y los problemas de un país en busca de identidad. En “El dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte”, Karl Marx afirmaba que “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: "una vez como tragedia y la otra como farsa”. En la historia política de Italia, Berlusconi ya ha aparecido más de dos veces, adelantando la farsa y preconizando la tragedia. Pobre Italia.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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