Resultado incierto
martes 02 de junio de 2009, 20:33h
Las encuestas que se han publicado estos últimos días para ofrecer el posible resultado de las elecciones europeas del próximo domingo señalan, para el caso de España, una horquilla de cifras que van desde el empate técnico hasta una victoria amplia del PP por 4 puntos, que en cualquier caso no se traduciría en más de dos europarlamentarios de diferencia. Parece evidente, no obstante, que las elecciones las ganará el PP. Alguno de ustedes (¿hay alguien?) se preguntará que por qué hablo entonces de “resultado incierto” si el ganador está claro.
En primer lugar, porque en todo lo humano hay siempre un cierto grado de incertidumbre, dado que entra en juego la libertad, y acontecimientos diversos en los últimos días de campaña o en las últimas horas, incluso, podrían mover el voto por derroteros que no prevén ahora mismo las encuestas. Por ejemplo, la cifra de paro conocida hoy podría marcar el inicio de un cambio de tendencia –aunque esto está por ver–, y puede actuar en favor del PSOE, pues el mensaje que envía al electorado es que las medidas tomadas por el Gobierno contra la crisis van en la buena dirección, lo cual es discutible, pero eso no necesariamente será lo que el electorado entienda.
En segundo lugar, el interés por las elecciones europeas –como muestran las cifras de abstención– es muy escaso, por lo que el voto se movilizará en función de factores nacionales, y aquí va a estar una de las claves del resultado. ¿Quién conseguirá movilizar más a su electorado? PSOE y PP son conscientes de que tan importante como movilizar al electorado propio es inmovilizar al ajeno, y más en este tipo de elecciones. Entre muchos votantes tradicionalmente socialistas se palpa un cierto desencanto con el Gobierno y muy especialmente con Zapatero. Por eso el PP quiere presentar a Zapatero como incapaz de hacer frente a la situación económica y social. Este electorado tradicionalmente afín al PSOE se quedará en casa si no hay algún elemento que lo lleve a las urnas, de ahí que el PSOE esté haciendo una campaña muy dura en la que intenta que el PP aparezca como la “derecha extrema” –Zapatero dixit–, apegada a valores tradicionales, ultraconservadora, desatenta a lo social y corrupta. Este mensaje también intenta desmovilizar a posibles votantes del PP. Es evidente que una parte de razón hay en estos calificativos, pero la exageración de los mismos a veces resulta cómica, casi de circo de feria y López Aguilar no ha sido capaz de articular un discurso más complejo, si bien es cierto que tanto en los casos de corrupción (donde ningún partido se atreve a entrar a fondo para hacer una buena limpia) como en la defensa de determinados valores e ideas tradicionales el PP no sabe dar una imagen más moderna y más eficaz. En muchos temas, como decía Alfonso Guerra, tras el PP se oye siempre el “fru-fru” de las sotanas. La derecha española y la mayoría de los medios de comunicación que la apoyan no han sabido romper con el discurso de la jerarquía eclesiástica, que no es necesariamente el que mejor refleja el sentir de los católicos.
Es casi seguro que el PSOE perderá las elecciones, y es posible que el análisis que haga la ejecutiva del Partido se quede en la constatación de un mero desgaste por la crisis económica, pero deberían mirar qué es lo que está pasando en Europa, donde según las últimas encuestas el laborismo podría quedar en las próximas elecciones nacionales como tercera fuerza política, después de los liberales, es decir, que se volvería a una situación como la de antes de 1924. El socialismo francés y el socialismo italiano no saben bien por dónde tirar, mientras la fuerza de los apegados a un lenguaje viejo no deja ver las nuevas ideas, si las hay. Y el socialismo alemán seguramente perderá fuerza en las próximas elecciones y quizá ya ni siquiera haga falta para la grosse Koalition. ¿Cree el socialismo español que de esta crisis del socialismo europeo saldrá indemne? Si el resultado de las europeas es muy malo para el PSOE –que es posible porque pienso que hay un gran voto oculto, al tiempo que pienso que el PSOE tiene capacidad para movilizar a su electorado a última hora–, quizá se oiga alguna voz en el Partido que intente fundamentar el socialismo en nuevas ideas útiles para el siglo XXI –porque no es cuestión sólo de políticas sino de ideas–, pero también es posible que se huya hacia delante en esa mezcolanza de modernismo y viejos tópicos a que parece reducir Zapatero su política.
Si, por el contrario, el PP gana por la mínima, ahí también se pude abrir la caja de Pandora, en la que algunos permanecen ocultos desde hace meses, pero quizá renazcan con renovadas esperanzas si Rajoy, incluso si gana, no da muestras de poder vencer a Zapatero en las próximas generales. Habrá que traducir los resultados a los diputados por provincias.
Finalmente estas elecciones eran muy propicias para partidos como IU y como UPyD (el de Rosa Díez), pero ambos lo están haciendo bastante mal y no creo que sean capaces de movilizar al electorado. Ambos se podrían llevar los votos de socialistas descontentos y UPyD también de electores a los que el discurso “rancio” del PP en tantos temas no les convence. Ahora mismo es una incógnita y las encuestas no parecen apuntar estas tendencias. Era su momento, porque los dos grandes partidos están manchados –¿hasta dónde?– de corrupción, y ni el Gobierno ni el PP han presentado alternativas plausibles contra la crisis y contra algunos de los problemas que más importan a los ciudadanos. Un buen resultado de estos dos partidos, IU y UPyD, podría impulsar una reforma electoral que los beneficiase en elecciones nacionales, pero me temo que han perdido su oportunidad.
El resultado es incierto porque en estas europeas, mal que nos pese, se juegan muchas más cosas que la elección de un puñado de europarlamentarios. Por ejemplo, si Zapatero, en el caso de una amplia derrota, se sentirá legitimado –legalmente lo está– para prolongar un Gobierno que se sostiene sobre un Parlamento en el que las mayorías para sacar adelante proyectos o proposiciones de ley son problemáticas e inestables.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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