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Hartura de tanto sectarismo

jueves 04 de junio de 2009, 20:04h
El nivel de debate público en España es tan bajo que explica perfectamente la desafección ciudadana. No todos los imputados son iguales. Unos son desiguales a otros. Depende del color con el que se mire. Unos, al ser imputados deben presentar su renuncia al cargo público. Se pide a gritos su dimisión. En otros casos, como en el de la querella por prevaricación contra el juez Baltasar Garzón, quien habrá de comparecer ante el instructor en concepto de imputado, resulta que la culpa la tiene el denunciante que es de extrema derecha. Que se pare el autobús, que me bajo. Lo más progresista del mundo es la igualdad en la aplicación de la ley, y también debería serlo en el tratamiento igual de los hechos sea quien sea la persona que los protagoniza. Estoy harto de que los discursos sean a la carta en función de si el sujeto es o no de los nuestros. Estoy cansado de que el Código de buenas prácticas se interprete literalmente para unos y de forma laxa para otros, de que algunos comportamientos sean disculpables para los amigos pero no para los enemigos. Cada vez soporto menos que nos tomen por idiotas crédulos a pies juntillas de las estrategias urdidas en las trincheras del sectarismo repleto de inmundicia.

Si el ambiente, en período normal, es nauseabundo, cuando se acercan procesos electorales no hay desodorante que lo pueda contrarrestar. Se hacen afirmaciones que no soportan un juicio benévolo ni siquiera entre los incondicionales, pero tenemos la clase política que tenemos y en el futuro no se vislumbra una mejor pues las potenciales vocaciones dirigen sus pasos hacia otras dedicaciones.

Son tan innumerables, y repartidos en todo el espectro, los esperpentos que es difícil elegir. Es sabido que, después de un breve apartamento de la política ha reaparecido, como candidata del Partido Socialista, Carmen Romero, la ex–esposa de Felipe González (a quien tanto se recuerda ahora entre los votantes del PSOE, y entre los españoles). Entre bromitas Carmen Romero ha tachado de “inútil” a Jaime Mayor Oreja. ¿Qué le parecería a la Sra. Romero que la tildaran de tal? ¿Sería un gesto machista? ¿Sería un acto torquemadista de los retrógrados del PP o del PNV? ¿Es inútil el adversario o listísimo el de la propia secta?. Por cierto que Rajoy también ha tachado de inútiles a los socialistas por no adoptar la diligencia debida en la obtención de los fondos europeos. Deben evitarse las descalificaciones en forma de insulto.

Pero la candidata Romero –que sin duda será electa el próximo domingo- ante un auditorio seguro que entregado, añadió: “¿Os imagináis al Aznar de la foto de las Azores como presidente de Europa, a alguien de la derecha conservadora?”. En el borreguismo consustancial a estos actos estoy convencido que se oyó un “Nooooo”. Pero nadie se atrevió a pensar si cabría imaginar que Zapatero fuera Presidente del Gobierno de España o Bibiana Aído Ministra de ese Gobierno; o qué condiciones tiene Durao Barroso como Presidente de la Comisión Europea que no tenga José María Aznar; o, en fin, si no conviene ya dejarnos de tanta manipulación sobre Irak.

No vale todo. Hay que someter a nuestros políticos a un severo reciclaje que pase por el aprendizaje de las cuatro reglas. Mientras tanto, que se abstengan de martillearnos con sus naderías. Ellos son los responsables únicos de la desafección de los ciudadanos.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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