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Filósofos que se hacen II

sábado 06 de junio de 2009, 16:02h
El otro domingo, propuse la pregunta de si los filósofos nacen o se hacen. Prefiriendo entonces la respuesta segunda, los filósofos se hacen, pudimos orientar un poco la respuesta gracias a Locke, de modo que los filósofos se hacen a base de mirar y mirar hacia adentro. Por tanto, no necesariamente se hacen hurgando en libros, aunque esto ayude, ya que los libros son los lugares donde muchos otros dejaron sus indagaciones interiores para el servicio de los amigos filósofos del futuro, como una carta abierta a las nuevas generaciones, que diría Sloterdijk.

Bergson, filósofo francés que transitó el cambio del siglo XIX al XX, advirtió ya entonces que aunque el sentido común sintiese lo contrario, la filosofía no se hallaba en los libros (y su referente más claro eran los libros de Metafísica). Es decir, no se hallaba en la lectura y eterna discusión sobre lo que dicen ciertos libros, en los que parece que la filosofía se había detenido y donde la creación no tenía lugar. En esos libros canónicos él veía la muerte de la creatividad y la aparición del dogma. Veía a una casta filosofal encerrada en callejones y aislada del devenir del mundo y de la vida.

El aislamiento es la cuestión. Porque contra lo que parece, mirar para adentro no es aislarse. El filósofo, cuando mira en su interior no ve su mismidad, sino que ve una red complejísima compuesta de experiencias interiores que a su vez se han constituido de experiencias con el mundo, con el afuera. Por lo tanto, mirar hacia dentro y conocerse también es conocer cómo el mundo exterior, la sociedad, los otros y las cosas nos constituyen e influyen.

Sérgio Mah, un filósofo nada conocido por ser tal, en estos días anda por Madrid hablando del arte contemporáneo, de la fotografía con motivo de un festival de fotos que acaba de dar su pistoletazo de salida en la ciudad. Y habla del arte contemporáneo como una tendencia que ha abandonado lo abstracto y se interesa siempre más por lo íntimo, por lo cotidiano que no deja de ser lo individual.

Y lo que pudiera parecer una vuelta y un giro de tuerca hacia el individualismo y el egocentrismo extremos, se aparece sin embargo como universal humano: porque es en la vivencia del día a día, en lo pequeño de cada instante, en la conciencia de todos esos particulares y contingentes acontecimientos interiores y exteriores donde el género humano se iguala en vida antes que la muerte lo haga para la eternidad.

La vuelta, la explica este filósofo como una reacción ante la homogeneización de las costumbres traída por la globalización, de las ventanas del ordenador por ejemplo que hacen que todos veamos y ordenemos la realidad de la misma manera, como si sólo hubiera una lógica.

Reivindicando la creatividad, la conciencia del instante, de los flujos de influencia, de las emociones, de las relaciones interiores y exteriores...el arte resulta que converge con lo que decía Bergson ya en 1889: que el ser de los hombres, la esencia humana no es otra que su creatividad infinita y constante. Que no la veamos, que no seamos conscientes de ella no es sino el efecto de las ventanas de la lógica única, pero no quiere decir que no se de...hasta que se la oprima con tanta fuerza y tantos medios que se quede exigua y muera; pero mientras tanto, cada gesto, cada instante de cada humano, es creativo, y el contesto de esa creatividad, es lo cotidiano.



Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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