www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El cambio del modelo productivo

martes 09 de junio de 2009, 20:30h
Desde el inicio de la crisis, España está sufriendo aumentos del paro mayores que los de cualquier otro país. Así, a finales del primer trimestre de este año la tasa de paro ha superado el 17%, duplicando la existente a comienzos del año pasado y la de países como Alemania, Francia o Estados Unidos cuyo PIB se ha contraído más intensamente que el nuestro. El Gobierno y los Sindicatos coinciden en el diagnóstico y en la terapia para superar esta situación. Según su análisis, la causa de nuestros males reside en nuestro modelo productivo, excesivamente concentrado en la construcción residencial, intensivo en empleo de baja cualificación y altamente vulnerable ante cualquier perturbación que quiebre el ciclo expansivo. El elevado desempleo, así como la pérdida de competitividad, la dependencia energética y el alto endeudamiento del sector privado, serían, todos ellos, rasgos de comportamiento de nuestra economía imputables al modelo productivo imperante.

A partir de este diagnóstico, la solución de todos nuestros desequilibrios es obvia: cambiar el modelo productivo. Algo que, al parecer, se puede conseguir con suficiente rapidez para reducir inmediatamente el paro y corregir con celeridad el resto de desequilibrios económicos. Aún mejor, se puede hacer sin necesidad de reformar el mercado de trabajo o la dinámica del crecimiento del gasto público o sin tener que adoptar cualquier otra medida económica que tenga costes políticos. Para cambiar el modelo productivo, por lo visto, basta con incentivar mediante bajadas de impuestos o subvenciones los sectores de “futuro” (el Gobierno sabe cuáles son) e indirectamente penalizar a los demás. El aumento de las subvenciones a la I+D y el cambio del sistema educativo, cambio que mediante un modus operandi que no se explica sería tan inmediato como milagroso, haría el resto del trabajo. El resultado será un modelo productivo sostenible económica, social y ecológicamente. Esto es, tendremos un patrón productivo que será invulnerable a registrar espasmos de empleo tan intensos como los que estamos sufriendo, generará puestos de trabajo de calidad con altas remuneraciones y contribuirá al enfriamiento global del planeta.

Este análisis de las causas y remedios de la crisis adolece de varias deficiencias. La primera es una confusión entre los determinantes del ciclo y los del crecimiento tendencial a largo plazo de una economía. Los primeros regulan la oscilación de una economía alrededor de su PIB potencial; son los factores que configuran los niveles de empleo, producción e inflación a corto plazo. Los segundos son los responsables de que nuestra renta per cápita dentro de 25 ó 30 años (o el crecimiento anual medio de la economía española en ese transcurso de tiempo) sea mayor o menor. De esta confusión se derivan varios errores. El más serio es imputar la crisis al modelo productivo. Aun cuando el nivel educativo de nuestra población fuera el mejor del mundo y no hubiéramos tenido una burbuja inmobiliaria, aunque nuestro sector privado no estuviera endeudado y la competitividad exterior de nuestra economía fuera la más elevada del mundo, no se hubiera evitado la crisis. Así, por ejemplo, Islandia, país de altísimo nivel educativo y abundante I+D, está sufriendo una crisis mucho más grave que la nuestra. Alemania, país igualmente de alto nivel educativo y paradigma de competitividad exterior y capacidad de ahorro, que además no ha tenido una burbuja inmobiliaria, está padeciendo una caída de su PIB más intensa que la nuestra. Esto ocurre porque los movimientos del nivel de renta y empleo a corto plazo no dependen de la calidad del stock de capital humano o de la capacidad de innovación sino de factores tales como la solidez del sistema financiero, el comportamiento de la oferta de crédito y de los tipos de interés y la rigidez de los salarios nominales y reales ante cambios de los ritmos de inflación y crecimiento económico. Por otra parte, dada la intensa interdependencia económica entre países, la insostenible inversión en vivienda e insostenible déficit exterior de unos países implica un volumen de exportación y ahorro exterior igualmente insostenible de otros países. Por eso no es sorprendente que ningún patrón productivo haya sido inmune a la crisis.

Es también equivocado responsabilizar al excesivo peso del sector de la construcción residencial por la elevada tasa de paro de la economía española. Aún sin contar el paro en la construcción, nuestra tasa de desempleo sería un 50% superior a la media europea. Además, la tasa de paro alcanzó cifras aún superiores a las actuales en 1993 y en 1985, años valle de crisis anteriores en los que este sector pesaba menos en el PIB que hoy día. Lo que tienen en común aquellos años con éstos es la pervivencia de un mercado de trabajo plagado de inauditas distorsiones, y aquí radica la verdadera causa de nuestro elevado desempleo.

Otro error es pensar que todo lo que ayude a potenciar el crecimiento a largo plazo sirve para acelerar la salida de la crisis económica. Aún más grave es adoptar medidas que no sólo no sirven para fomentar un crecimiento tendencial más elevado y estable sino que pueden mermar el vigor de la recuperación económica. Gobierno y Sindicatos excluyen de sus propuestas para cambiar el modelo productivo justamente lo que puede contribuir simultáneamente a potenciar la recuperación a corto plazo y el crecimiento tendencial a largo, como sería el caso de la reforma del mercado de trabajo o de los mercados de bienes y servicios, reformas que aumentarían la eficiencia de la economía y facilitarían la difusión de las innovaciones tecnológicas. Casi todas las medidas contempladas por el Gobierno, con excepción de la no explicitada reforma del sistema educativo, se traducirán en un aumento del déficit público cuyos costes económicos serán superiores a cualquier hipotético beneficio que se les quieren imputar a las mismas. Las medidas de sostenibilidad ecológica, en particular, ofrecen beneficios futuros inciertos, si bien ciertamente inferiores a los que se conseguiría apostando decididamente por la energía nuclear, y costes inmediatos ciertos y ominosos que limitarán las posibilidades de crecimiento a corto y a largo plazo.

En suma, la propuesta de un nuevo modelo productivo para relanzar la economía española podría servir, en el mejor de los casos, para concitar un acuerdo social sobre la imprescindible reforma de nuestro sistema educativo, del mercado de trabajo, de los mercados de bienes y servicios, de la justicia y de la composición de gastos e ingresos públicos. Desgraciadamente, de momento todo indica que sólo servirá de coartada para no hacer las cosas que habría que hacer y para hacer cosas que no se deberían hacer.

José Luis Feito

Economista

JOSÉ LUIS FEITO es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, economista y técnico comercial del Estado

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios