La excusa de Zapatero
miércoles 10 de junio de 2009, 22:14h
Extrapolación es la palabra más de moda desde las elecciones del 7-J. Todos los análisis políticos de sesudos expertos, de tertulianos de andar por casa o de los propios partidos políticos están empeñados en extrapolar los resultados europeos al ámbito interno de cada uno de los 27 países miembros. Desde luego, si las campañas que se han hecho en los demás países se han basado, como en España, en temas que nada tienen que ver con la elección de los nuevos europarlamentarios, habrá que pensar que sí, que lo que hay que hacer es ponerse a extrapolar sin complejos. Y por tanto, concluir que el PP ha ganado en España y no sólo en Europa. Y que a Zapatero el electorado le ha dado un tirón de orejas, aunque, eso sí, sólo por culpa de la maldita crisis, que no por su falta de ideas y de agallas a la hora de afrontarla.
Y es que no hay profesión más dada a culpar a otros por sus fracasos que la del político. Lo que pasa es que Zapatero no se da cuenta o simplemente prefiere olvidarse, que a otros políticos europeos como Merkel o Sarkozy, al frente de países que también están en crisis, sus ciudadanos les han dicho en las urnas que sigan así, tomando medidas económicas y gestionando la difícil situación financiera mundial. Ya puestos, el presidente, por lo menos, podía haberle echado al asunto algo de originalidad. Casi habría sido menos vergonzoso que en vez de culpar a una crisis, cuya existencia se pasó meses negando, hubiera emulado a Berlusconi. Para el extravagante premier italiano, la culpa de su particular retroceso se debe a hechos muy concretos y tangibles, como que a su mujer le ha dado por pedirle el divorcio justo en mitad de la campaña, que la prensa de izquierdas ha montado un injustificado escándalo por asistir al cumple de la “piccola” Noemí y por unas fotos que, a su juicio, no podían ser más inocentes o, incluso, a que al delantero brasileño Kaká se le haya ocurrido, precisamente ahora, abandonar el barco milanés para irse a navegar al del Real Madrid. Estas sí que son excusas.
En todo caso, la Unión Europea sigue siendo una entelequia difícil de casar con el sentimiento individualista y en algunos casos incluso independentista de los territorios del viejo continente. Lo demuestra el curioso dato de que en estas últimas elecciones los partidos euroescépticos o eurófobos hayan duplicado su número de escaños. ¿No les parece una contradicción que uno de cada seis europarlamentarios sea un declarado euroescéptico, pero quiera formar parte de un parlamento en el que no cree y que incluso rechaza? ¿Qué es lo que van a defender en el seno del Parlamento Europeo? Lo que seguro no van a pedir los dirigentes de estos partidos, a pesar de todas sus proclamas extremistas, es que se acabe con los organismos burocráticos europeos. Convencidos o no de la bondad de una unión entre los pueblos de Europa, lo que está más que claro es que ninguno de ellos va a tirar piedras contra su propio tejado. Me pregunto dónde quedan los principios y las ideologías cuando lo que está en juego es el privilegiado cargo de europarlamentario con un sueldo mensual de 13.000 euros. ¿Se lo preguntarán también quiénes les han votado?
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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