www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

elecciones europeas

El auge de la ultraderecha en Europa: ni tanto auge, ni tan ultra, ni tan derecha

sábado 13 de junio de 2009, 12:04h
Tres hechos han sobresalido de los resultados de las elecciones europeas: la abstención, el fracaso del socialismo y el repunte de la llamada ultra derecha. Los tres podrían tener relación. La ultra derecha es un conjunto heterogéneo de partidos, varios de los cuales, en muchos de sus aspectos, no son ultras o no son de derechas.
La llamada ultraderecha ha avanzado en nueve de los 27 países que han participado en las Elecciones Europeas. En concreto en Austria, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Hungría, Italia, Holanda, Rumanía y el Reino Unido. Por el contrario, sufrió claros reveses en Bélgica y Francia, y ha desaparecido de Polonia.

En Hungría el Movimiento para una Hungría Mejor, conocido como Jobbick, ha obtenido tres escaños. El Partido de la Libertad, 2, gracias al apoyo del 13,4 por ciento. El BVO del fenecido Joerg Haider, por el contrario, no ha obtenido un solo escaño. El partido Ataka, de Bulgaria, ha perdido un europarlamentario y mantiene dos. El Partido para una Gran Rumanía también tiene 2, como el LAOS, de Grecia. La Liga Norte, por su parte, ha doblado su presencia en la eurocámara. Pero de forma muy significativa, ya que pasa de 4 a 8 escaños. Es lo contrario que el Frente Nacional de Jean Marie LePen, que pasa de 7 a 3 asientos en Estrasburgo. Son unos resultados que muestran un creciente apoyo de estos grupos, pero que es insuficiente para que sean relevantes.

A no ser que se incluya bajo ese apelativo a partidos de acendrada tradición democrática como los conservadores británicos. En realidad no está claro qué grupos entren en lo que se puede llamar ultraderecha. ¿Es el Partido de la Libertad de Geert Wilders un grupo ultra? ¿Lo es Derecho y Justicia, de Polonia, que aporta 15 diputados europeos? ¿Qué parte de Forza Italia puede considerarse derecha extrema?

Desafección hacia Europa
De los 375 millones de europeos llamados a votar, lo ha hecho el 43,1 por ciento. Es el menor índice de participación en unas elecciones europeas de la historia. En varios países de la Europa del Este esa participación no ha alcanzado el 25 por ciento.

Es difícil vestir esa mona y que parezca otra cosa distinta del desinterés de los ciudadanos por el Parlamento de Estrasburgo, que es creciente. Hay un desencanto, una desafección de las instituciones europeas, y los ciudadanos de Europa la muestran en la única oportunidad que tienen.

La actitud no carece de lógica. El único poder que tiene la eurocámara es el de vetar los presupuestos europeos y el de rechazar a los miembros de la Comisión, dos facultades que están a una distancia estratosférica de los anhelos de los ciudadanos.

Pero esa desafección, en una parte de la sociedad se vuelve franca oposición. Es el llamado euroescepticismo, una actitud que forma parte de lo que se llama ultraderecha, pero una de cuyas claves es la preferencia por el sistema democrático, una característica en principio alejada de lo que entenderíamos por ultraderecha. Valga como ejemplo de todo ello un reciente artículo de Alexandra Colen, miembro del partido belga Vlaams Belang, que en los desinformados medios españoles es visto generalmente como miembro de esa ultra derecha. Dice Colen:
“Se nos llama casi todas las semanas a votar la incorporación en la legislación belga las llamadas ‘directivas’, que emanan de la Comisión. Es una mera formalidad. Los Parlamentos de toda Europa presionan el botón verde porque los tratados de la UE les obligan a los 27 Estados miembros a incorporar, en sus legislaciones nacionales, las directivas de la UE sin cambios. De este modo, no hay debates sobre las directivas y no se proponen cambios ni reformas a los textos. Ocasionalmente mi partido se abstiene de votar o presionamos el botón rojo; una posición que podemos adoptar ya que no somos parte del establishment y se nos considera, de todos modos, extremistas. Pero incluso nosotros, he de admitirlo, votamos generalmente ‘sí’. Nos lo demandan los tratados de la Unión. La Corte Europea penaliza a los países que no cumplen con enormes sanciones”.


El pasado año, a preguntas de Alexandra Colen, el Parlamento belga hizo un estudio sobre qué porcentaje de la legislación aprobada correspondía a decisiones de la Comisión Europea y cuál había sido adoptado democráticamente por el propio Parlamento. La legislación impuesta por la Comisión resultó ser más de la mitad, un 51,8 por ciento. Un informe similar realizado por el Ministerio de Justicia alemán revela que en el país más grande de la Unión su legislación la decide Bruselas en un 84 por ciento. Sólo le queda al Parlamento democráticamente elegido por los alemanes el 16 por ciento restante. Estos debates no los tenemos en España, y por eso cuesta entender el comportamiento de una parte de los votantes europeos.

Una alianza euroescéptica
De hecho, este mensaje euroescéptico está en el centro de la estrategia de un partido del que nadie duda su vocación democrática: los tories británicos. Éstos han roto 20 años de relación con el Partido Popular Europeo para trabar una alianza de grupos a la derecha que se opongan a la imposición de legislación desde las instituciones europeas. Para crear un grupo parlamentario y tener iniciativa política necesitan 25 europarlamentarios elegidos en al menos 7 países. Los conservadores británicos cuentan con el apoyo del Partido Cívico Democrático de la República Checa, con 9 europarlamentarios, más el polaco Derecho y Justicia de los hermanos Kaczynski, que han obtenido 15 asientos en la eurocámara. Necestitan otros cuatro socios, pero quieren tener al menos ocho o nueve, para no depender de que un pequeño socio deshaga todo el grupo parlamentario. Podrían obtenerlo de dos grupos letones que aportan 3 eurodiputados, uno del MEP (la minoría polaca en Lituania), el estonio Indrek Taraland, el belga Lijst Dedecker y el PP danés, con dos asientos.

Se ha creado otra alianza, con ideas parecidas, en torno al grupo “Independencia y Democracia”, liderado por el presidente Checo Vaclav Klaus, y que ha sumado 18 apoyos. Entre ellos está uno de los elementos más señeros de este euroescepticismo y más característicos de estas elecciones, que es el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP). Sólo se presenta a las elecciones europeas, no a las nacionales, y ha sido el segundo en voto popular británico, sólo por detrás de los conservadores británicos. Ha obtenido el 16,5 por ciento de los votos y aporta 13 escaños.

La ideología democrática es una de las claves del euroescepticismo, pero hay otra igualmente poderosa y que, a diferencia de la anterior, sí se puede achacar a la derecha extrema, que es el nacionalismo. Aunque ese nacionalismo se basa en la idea de que sean los nacionales quienes decidan sobre sus asuntos y la forma de hacerlo, en todos los países europeos, sea la democracia.

Racismos
Una de las estrellas del nuevo europarlamento es Geert Wilders, del Partido de la Libertad, también situado por los medios españoles en la ultraderecha. Se le acusa de lanzar mensajes xenófobos. Pero en realidad sus diatribas se dirigen siempre en el mismo sentido, y es contra el islamismo y su influencia, creciente, en su país. El islam no lo sigue una única raza, de modo que no puede considerarse racismo. Y el propio Wilders no está en contra de todas las influencias extranjeras, de modo que no es estrictamente xenófobo.

Además, las principales razones que alega contra el islamismo forman parte de lo que llamaríamos cultura europea democrática, como los derechos de la mujer, la libertad de expresión, el laicismo, la prevalencia del Derecho sobre las normas religiosas son sólo algunos ejemplos.

Pero hay grupos que sí entran estrictamente en lo que se puede llamar ultraderecha. Es el caso del europarlamentario más anciano, Jean Marie LePen, que a sus 80 años sigue defendiendo sus posturas nacionalistas, xenófobas y antisemitas. En la legislatura 2004-2009 se creó el grupo asociado a estas ideas, llamado “Identidad, Tradición, Soberanía”. Pero a los xenófobos, racistas y nacionalistas les cuesta trabajar con grupos extranjeros, de modo que sus diferencias irreconciliables les hizo romper el acuerdo en 2007.

Extrema derecha. O izquierda.
El diagnóstico más repetido sobre el auge de la extrema derecha en Europa es el de la crisis económica. Los empleos escasean y es más fácil mirar al extranjero como un ladrón de un puesto de trabajo que debería pertenecer al nacional. Parte del trabajo a la ultraderecha lo hacen los propios líderes europeos, con su discurso antiliberal. Además, el sistema fallado y la extrema derecha está en gran medida fuera del sistema; ello le ha beneficiado claramente.

Por otro lado, se tiene la idea de que la extrema derecha es la versión extrema del centro derecha. Pero en la mayoría de los casos lo que se observa es una versión xenófoba o nacionalista de la izquierda, moderada o extrema.

Es el caso del British National Party, cuyo mensaje podría ser asumido por muchos periodistas de izquierdas de nuestro país en un montón de puntos. No ya el deseo, expresado tácitamente, de acabar con la monarquía en ese país, sino cuestiones más ideológicas, como la subida de impuestos, el aumento de los subsidios, las nacionalizaciones, o el discurso anti globalización. Quieren que los sindicatos dirijan las empresas. Son más bien un grupo de ultra izquierda que de ultraderecha.

De hecho, no se nutren del voto de derechas, sino del de izquierdas. Los conservadores británicos apenas han avanzado estas elecciones, mientras que los laboristas han sufrido una sangría de votos. El auge de la extrema derecha no ha coincidido con un hundimiento del centro derecha, sino de la izquierda. Todo ello está relacionado.

En todo caso, como Gideon Rachman decía recientemente en un artículo publicado en el Financial Times que “curiosamente, el ascenso de los extremos políticos podría hacer realidad una de las ambiciones largamente buscadas por los pro europeos, al generar algún interés en lo que haga el Parlamento Europeo”.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios