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Por fin, una buena noticia

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 14 de junio de 2009, 19:21h
A los promotores se les acumulan los pisos sin vender, en los concesionarios van a acometer en breve reformas de ampliación para poder almacenar todos los coches que no consiguen sacar al mercado, los hoteles no tienen muy claro si este verano harán el agosto o si el otoño se presentará para ellos por anticipado, hasta el consumo de cerveza ha caído en el sector servicios... Todo, menos los libros.

Con la que está cayendo, los madrileños han demostrado que a pesar de haber cerrado el bolsillo a inversiones varias e, incluso, a gastos superfluos, unos euros bien los vale un libro. Hasta un diez por ciento han aumentado las ventas en la Feria del Libro con respecto al pasado año.

Qué tranquilidad la de saber que ni Play Stations, ni Wiis, ni el cine, ni Internet han podido con este hábito tan sano y enriquecedor. No importa la edad ni el sexo, un buen libro hace volar la imaginación de quien lo lee. Le hace sufrir, disfrutar, reír, llorar, angustiarse, pensar, imaginar, intrigar y un larguísimo etcétera. ¿Que quiere ampliar sus conocimientos sobre ciencia o cocina? Puede elegir entre novelas históricas, ensayos e, incluso, enciclopedias. ¿Que sufre mal de amores? Encontrará desde libros de autoayuda hasta las más apasionadas historias de amor con todo tipo de finales en forma de auténticas joyas de la Literatura. ¿Que le gusta imaginarse a sí mismo en otras épocas, en lugares lejanos y con mil aventuras que disfrutar? Elija escenario: el lejano Oeste, la Guerra Civil, la Revolución Francesa...

Esas historias convierten en un arte la elección de la lectura de ejemplares que permiten vivir cien mil vidas en una, ser bucanero, asesino, amante, monja de clausura, niño, comerciante, dueño de un zoológico, chófer, madre, rey o soldado. Un lujo al que nos transportan unas cuantas páginas con un ejército de letras bien ordenadas que esperan pacientes a ser leídas.

Y resulta reconfortante saber que, incluso en estos tiempos, en los que la angustia y las preocupaciones nos dejan poco espacio para soñar despiertos, recurrimos a ellos para huir a lugares remotos, que podemos prescindir de unas cervecitas, de unos zapatos nuevos y del coche de nuestros sueños, pero no de un buen libro. Por fin, una buena noticia.

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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