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Francia: paisaje después de la batalla electoral

Jordi Canal
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jcanalelimparciales/7/1/7/19
lunes 15 de junio de 2009, 20:06h
Las elecciones europeas se hicieron en Francia, como en casi todas partes, en clave nacional. Tuvieron un nivel algo más alto que en la triste España pajinesca, pero tampoco resultaron apasionantes. Los índices de abstención pueden leerse de muchas maneras, pero una de ellas tiene que ver con la capacidad de ilusionar y convencer de la clase política. Y ello no sobra en nuestra Europa de hoy. La batalla electoral francesa ha dejado, en cualquier caso, un paisaje, esto es, un panorama político algo más despejado, en especial para la mayoría presidencial y para el presidente Nicolas Sarkozy. Como en toda contienda, la nómina de vencedores y perdedores resulta inevitable. Lo que diferencia esta de otras ocasiones anteriores, en el caso francés, es la nitidez con la que puede señalarse a unos y a otros.

Entre los perdedores, sobresalen dos formaciones políticas: el Partido Socialista y el MoDem de François Bayrou. Al primer partido, dirigido ahora por Martine Aubry e inmerso desde hace tiempo en una profunda crisis, los resultados han aportado un nuevo elemento de preocupación y de tensión. Más de diez puntos les separan de la UMP y han estado a punto de perder la segunda posición a manos de los ecologistas, con los que han empatado en número de diputados. El fracaso socialista impone revisiones y replanteamientos serios. Y, sin duda, preguntas inevitables. ¿Será capaz Aubry de mover este gran dinosaurio? Tengo mis dudas. Su poca capacidad de ilusionar al electorado –otra cosa es el control del aparato, como ya mostró frente a Segolène Royal- y su inflexibilidad, visible en el pasado en la gestión de las archifamosas 35 horas, no creo que inviten al optimismo. Sus primeras medidas -darse seis meses de tiempo y reunir a los elefantes del partido- no parecen las más adecuadas. A aquel cambio que se vio hace algún tiempo, con la sustitución de la rosa roja por la rosa rosa, ahora, algunos dirigentes del PS, como Manuel Valls, quisieran añadir otro: la supresión de la palabra socialista, que, según este político, “ya no quiere decir nada”. Tiempos aciagos, en fin de cuentas, para el socialismo francés. El artículo de Jacques Juillard, en forma de carta a los socialistas (Le Nouvel Observateur, 11 junio 2009), explicando las razones de su voto por Cohn-Bendit en las europeas, después de años de fidelidad al PS, merece ser leída. Permite entender muchas cosas sobre la deserción socialista de las clases medias.

El otro derrotado es, evidentemente, el centrista François Bayrou. Su partido, el MoDem, ha pasado al cuarto lugar, por detrás de los ecologistas. El libro que Bayrou escribió sobre y contra Sarkozy –Abus de pouvoir (Abuso de poder)- fue un éxito de ventas, pero la egocracia, tan criticada por él cuando de otros se trata, le ha jugado malas pasadas. Buscar el cuerpo a cuerpo en plena campaña contra Sarkozy, Cohn-Bendit e, incluso, contra las empresas de sondeos, han perjudicado muy seriamente las opciones de su formación. Sus disculpas post-electorales ya no sirven. Denis Delmas, presidente de TNS Sofres, publicó un texto demoledor el viernes pasado en Le Monde, que terminaba con un “Señor Bayrou, existen países sin sondeos, pero no le deseo tener que vivir en ellos”. Bayrou tendrá dificultades para erigirse en alternativa en las presidenciales de 2012.

La UMP, la formación dirigida por Nicolas Sarkozy, y los ecologistas, reagrupados tras el liderazgo de Daniel Cohn-Bendit en la lista Europa Ecología, han sido los vencedores. Estos últimos han superado claramente al MoDem de Bayrou. Se han convertido en la única opción mínimamente atractiva de la izquierda francesa, tanto si lo comparamos con el Partido Socialista como con los comunistas o con el surrealista Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) del cartero Olivier Besancenot. Y, además, los ecologistas de Cohn-Bendit han sido los únicos que han llevado a cabo una campaña en clave europea para unas elecciones –no se olvide- europeas. El electorado les ha recompensado, en especial los antiguos votantes socialistas, tan desencantados.

El gran triunfador de las elecciones en Francia ha sido, sin lugar a dudas, el actual partido en el gobierno, la formación liderada por Nicolas Sarkozy: 27’9% de votos frente al 16’5% de los socialistas. Sarkozy es el principal vencedor de la contienda, planteada en términos nacionales, pero también la tan criticada Rachida Dati, ex ministra y, seguramente, candidata a medio plazo a la alcaldía de París. Es una de las personas que salieron reforzadas de la batalla del domingo 7 de junio en el país vecino. Los resultados obtenidos por el centro-derecha francés muestran varias cosas, aunque una muy importante, que deben tener presente para el futuro sus adversarios políticos: la inutilidad, hasta convertirse en contraproducente para los propios intereses, del anti-sarkozysmo primario, sin política alternativa (recuerda frecuentemente al anti-aznarismo exhibido hace algunos años por la izquierda española). Nicolas Sarkozy ha recibido, en esta batalla electoral, un plus de confianza para hacer realidad lo que prometió en las presidenciales a los franceses, que le votaron entonces masivamente: reformar el Estado y la sociedad. ¿Tendrá fuerza y voluntad para hacerlo? No poseo una respuesta. Sí tengo, en cambio, una seguridad: el inmovilismo y el anquilosamiento van a condenar definitivamente a la decadencia, si no se hace algo ya, a Francia.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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