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Estado, Política y Religión

Carlos Loring Rubio
martes 16 de junio de 2009, 19:39h
La revolución, la contrarrevolución, y el anhelo. La República Islámica de Irán se ve convulsionada estos días. Parece que finalmente no se trataba de una sociedad dormida y sumisa a los preceptos de un absurdo estado teocrático. La gente parece querer lo que los occidentales poseen, libertad y bienestar. El complejo de inferioridad de cultura, ha llevado a muchos países islámicos a establecer como Ley suprema el Corán, un libro religioso escrito hace más de mil años. Los doctos legos retuercen un texto anquilosado en un remoto pasado para organizar la convivencia en un estado moderno, otros, los menos, ven la indicación hacia la lucha contra el infiel.

Ponía Obama como ejemplo la ciudad de Córdoba, en su reciente discurso en el Cairo, como símbolo de convivencia entre culturas. La hermosa ciudad de Córdoba en tiempos del califato, que por aquellos tiempos albergaba una infraestructura de calles empedradas, fuentes, jardines, alcantarillado y alumbrado público, al mismo tiempo en que la mayor parte de Europa se veía sumergida en el fanatismo religioso, mientras las gentes intentaban hacerse paso entre el fango. Córdoba de poetas, científicos y filósofos, de reticente respeto hacia las religiones del Libro. ¿Qué ha sido de todo aquello? Finalmente el mundo musulmán se enquistó en el pasado, prohibió la actividad de librepensadores y científicos, otorgando al Corán la solución a todos los problemas.

Tras el Sha, los iraníes buscaron su propia identidad en el islamismo radical, fuera de cualquier orden occidental. Hoy se ven asfixiados por un régimen que no se ajusta a los deseos de una gran parte de la población. La prohibición y el miedo, sus obstáculos frente a las reformas. Ante el auge de la demanda de nuevas libertades, el régimen hace la vista gorda en cuanto al férreo sometimiento de la población, mientras se convive en una extraña democracia. A su vez, el Estado busca un enemigo exterior para convencer sobre los peligros que se ciernen sobre los ciudadanos, por lo que su deber es darse al orden establecido. Vieja estrategia dictatorial.

Y es que, tanto en Irán, como en cualquier otro lugar del Mundo, la gente quiere pasarlo bien, ser feliz. De nuevo, por tanto, se hace patente la necesidad de que se deberían instaurar las libertades individuales allí donde no las hubiera, con los derechos y deberes que le son inherentes. Esta idea sobrepasa estados, naciones, regiones, políticas y fes. Hablar del pueblo como un conjunto unificado de querencias, del bien común como algo homogéneo, de la colectividad como un deseo global, es el principio del autoritarismo y del desastre, como tantas veces ha demostrado la Historia.

Carlos Loring Rubio

Abogado

CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)

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