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Definitivamente... no?

sábado 20 de junio de 2009, 17:06h
Hace semanas cuando leí el breve ensayo sobre el derecho a la pereza, la teoría me cuadraba, o más bien me sentaba bien, como un traje a medida. Hoy, tras unos meses de renovadas experiencias, entiéndase: de vida vivida, he llegado a una cuestión que si bien estaba planteada, no problematicé entonces más que superficialmente.??

Veamos:, si bien tenemos derecho a la pereza, a no hacer nada productivo para la sociedad sino que sea por mero placer o por experimentar, por crecer sin más, tendemos de esta forma a oponer la pereza al trabajo, pero ¿qué entendemos por trabajo???

La primera respuesta, la más inmediata del sentido común es que el trabajo es aquella actividad por la cual nos pagan y gracias a lo cual, podemos seguir vivos en el sentido más biológico de la palabra.??

Pero si revisamos alguna expresión como por ejemplo: “me cuesta trabajo”, en este caso asimilamos trabajo a esfuerzo. Pero no a cualquier esfuerzo, sino a uno más asociado a lo penoso que a lo divertido y gustoso. Por lo que el trabajo no es sólo una actividad por la cual nos aseguramos una cierta supervivencia gracias al dinero que media sino que es una actividad penosa, costosa.??También hay que pensar, que un trabajo implica a un alguien para el que se trabaja. Pongámosle el nombre genérico de jefe. La relación que se establece es siempre de exigencia, obediencia y jerarquía. Y alguno pensará que también se puede trabajar para uno mismo, es decir, ser el propio jefe de uno. Y ahí es donde la cuestión se revela en toda su profundidad. En ambos casos se da el mismo mecanismo, uno muy bien considerado socialmente pero que a título individual me parece perverso hasta decir basta. ?

?Se trata simplemente de la asumir la obediencia como actitud cotidiana, ya que trabajar se trabaja cada día,, lo cual es simple y llanamente una pérdida de la propia voluntad, que repercute directamente en el ejercicio diario de la propia libertad y creatividad. Así sin más, el trabajo, en toda su dimensión, es una dimisión socialmente impuesta a una parte de la propia libertad.??

Si observamos por arriba este refrán y la siguiente cita, seguiremos pensando sobre el tema. “El trabajo mata al asno pero no al amo” o bien “Al trabajo le llaman virtud lo que no tienen que trabajar, para engañar a los que si”, como dijo Ruisiñol. Y sin seguir citando, a pesar de que el refranero, las frases hechas y las frases célebres son un baúl sin fondo,  el tema dle trabajo se revela como un gran engaño que sigue basándose en la diferencia de clases. Porque haberlas haylas, como las meigas. Y mientras la diferencia estribe en el tener un jefe, ya sea externo o interiorizado, la esclavitud y la necesidad están en bandeja mientras que vuelan y se alejan una libertad más compleja y una creatividad más cotidana.??

Y como dice una amiga, ahí te dejo, a lo cual suele añadir: ¿cómo te has quedao??

?Y sin ánimo de sembrar más malestar, yo puedo decir y digo: definitivamente no,...no me gusta trabajar.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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