Dos buenos candidatos por quienes votar
domingo 21 de junio de 2009, 16:31h
Guadalupe Loaeza. Recuerdo cuando la conocí de niña en misa en la Iglesia de la Votiva en el Paseo de la Reforma con sus hermanas y el pequeño único varón en la descendencia de Don Antonio Loaeza, prestigiado abogado especializado en derecho aeronáutico y maestro en la Facultad de Derecho de la UNAM y de Doña Lola Tovar, enérgica, miembro de una familia de rancio abolengo; en ese enorme salón con cientos de invitados, brillaban Antonia, esposa del diplomático Agustín García López, futuros suegros de José Ramón López Portillo, Enriqueta, amiga mía, casada entonces con Hiram García Borja, viudo después de Samuel del Villar, quien fue en tiempos de Miguel de la Madrid en de la “Renovación Moral”, Enrique, diplomático actualmente, entonces Director general de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, Soledad, egresada del Colegio de México, Eugenia y la pequeña en ese entonces, que desgraciadamente murió muy joven. Por supuesto estaban, quiero recordar, Rabel Tovar y de Teresa, quien fue yerno del Presidente López Portillo, diplomático, funcionario de muy alto nivel y Guillermo, historiador, cronista y una sabiduría muy divertida.
Recuerdo a las Loaeza en el Colegio Francés, donde además de educarse muy bien, aprendieron un excelente francés. Guadalupe estuvo casada con Mr. Anotoni, representante de Nina Ricci, la famosa casa de alta costura francesa. En esa familia se conjugan la alta sociedad, la cultura, lo intelectual, la diplomacia y la política y en todos los renglones, han destacado.
Guadalupe según parece, descubre su veta de escritora al trabajar cerca de Miguel Angel Granados Chapa, uno de los mejores reporteros del país.
Comienza a publicar, se vuelve periodista, publica best sellers muy suyos de un estilo divertido, agradable y ameno. Describe magistralmente el mundo donde nació, creció y vivió.
Hace el retrato perfecto e implacable sobre la vida de los matrimonios de la alta burguesía de los años ochenta hasta casi el dos mil.
Sin querer dar toda su bibliografía, recuerdo “Las Niñas Bien”, “Compro, Luego Existo”, “Las Reinas de Polanco”, “Historia sobre Miroslava”, “Las Obsesiones de Sofía” y otros.
En 2003, recibió la Medalla de la Legión de Honor, grado de Caballero del Gobierno de Francia. En ese mismo año publica “Las Yeguas Finas” y “Siempre Estará París”.
En España hace la crónica y narra para Televisa la boda de los príncipes de Asturias. Admira profundamente al Subcomandante Marcos y en los años reciente ha sido ferviente admiradora de Andrés Manuel López Obrador. Ahora, hace menos de un mes, inicia su campaña para Diputada Federal pro el PRD en colonias marginadas de mi Delegación.
En este país no se perdona el éxito. De una mujer, menos. La envidia campea en los comentarios de muchos que han querido, y no han logrado ni ser ni hacer nada.
Los seres humanos tienen derecho a cambiar. Es de sabios, eso no significa ser incongruente. La valentía, la libertad en hombres y mujeres es esencial en la vida. En la política en esta etapa pre-electoral, creo que es legítimo que en lugar de votar en blanco, podamos votar por Guadalupe Loaeza, o por Demetrio Sodi, también de buena cepa, de buena cuna, exitoso en el sector privado, como funcionario del gobierno y que ha transitado es verdad, por tres partidos, por el PRI, por el PRD y ahora está en el PAN.
Démosles a los dos el beneficio de la duda porque creo que ya basta de estar instalados en la negación y en la envidia.
Votemos libremente por quien nos dé la gana, pero votemos.
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Periodista y analista política
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