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La fuerza del olvido

jueves 25 de junio de 2009, 20:48h
Eduardo Puelles, inspector de policía español en el País Vasco, fue asesinado hace días por miembros del grupo terrorista ETA. Más allá de toda consideración política, que es obvia en su tremendismo, desde aquí deseamos llevar a cabo una reflexión estrictamente religiosa y cristiana. Puede que radical, pero sin lugar a dudas, tan cierta como hay Dios. Y lo hay.

Dentro de un mes, sea escrito con optimismo, los medios de comunicación habremos olvidado por completo a Eduardo Puelles: noticias nuevas e incluso más efervescentes saltarán a primer plano y este joven español asesinado en tierra vasca, donde hay gente tan de una pieza en su sinceridad y en su eticidad, dejará de sentir flores en su tumba. Otro más. Un trocito de todos nosotros más. Pero qué se le va a hacer, formaba parte de su compromiso. Era policía y para colmo inspector. Puede que mientras tanto, Francisca Hernández, en enterísima esposa, llore en soledad en compañía de sus hijos. Y punto. En busca de la paz, que debe buscarse como objetivo último, se nos van cayendo por el camino. Una verdadera lástima.

El Cristianismo es una religión de la Memoria. Vivimos nuestra fe en la medida que tenemos siempre presente la historia de un sepultado tras ser asesinado en una cruz. Parecía que nadie se acordaría de él, de sus palabras, de sus gestos. Pero no fue así. Tan presente estaba en la memoria de sus amigos y amigas que apareció como Resucitado, y esta memoria es furioso presente en el amor de millones de hombres y de mujeres. Tan inmersos como Vicente Ferrer pero mucho más anónimos. Ésta es la verdad.

Si de verdad nos olvidamos de personas como Eduardo Puelles es que nos estamos olvidando del Jesucristo actual. Esto es mucho más importante que un funeral oficial.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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