Pasodobles y estocadas
lunes 29 de junio de 2009, 19:41h
Hacer el paseíllo en Las Ventas con "Gallito" imprime carácter, y los tres matadores caminaron más lentos, más pensativos, mientras los trombones inflaban y desinflaban los carrillos. Estrenaban los "Atanasios"de Charro de Llen antigüedad y los tres diestros iban a darles ejemplarmente la muerte antigua, la suerte fundamental, la que llenaba de aplausos y emociones las plazas de toros de antes de la era e Michael Jackson.
El primero, protestado, brindado al cielo, pasó como pudo con cierta bondad y algún remate violento por falta de fuerza, a la muleta digna de Robleño que terminó en gran espadazo, merecedor de saludos.
Con el cinqueño "Gironcillo", Morenito de Aranda -grana y oro- se estiraba con gusto y con disgusto ante la cabeza de pitón partido y las manos resbalosas que acabaron parándose como metro como llega a la estación. Así que abrevió y lo mató con inusitada perfección.
Fandiño, de marfil y azabache se embraguetó con el tercero en la verónica. El toro, protestón, no le dejaba rematar a gusto, pero un hombre extraño de boina ladeada y largas canas le aplaudió con energía. Muleteó Iván con más enjundia que otras veces, como depurado, deseoso de mostrar la otra cara del valor, y mató de estocada entera, rápida y certera, imperceptiblemente contraria. Sonó "Marcos de Celis" mientras saludaba.
Robleño desesperaba muletazos bien facturados al cuarto, un toro tardo y blando entre los gritos y protestas del sector solar al que las nubes habían ocultado el astro y obnubilado la razón. Quizá por eso el toro escupió por primera vez una espada en la tarde. Pero tras pinchar, el estoque se empuñó en lo alto. La banda tocó "Genial El Juli" para amenizar el espectáculo a los barqueros del Retiro que asistieron al coso. Tal vez alguno de ellos no se percató.
"Clavellero" se llevó un pellizco flamenco de Aranda en la media que le dejó en el platillo antes de que lo echaran, y salió el sol para castigar a los tendidos furibundos mientras el toro se arropaba entre cabestros a paso de "Chiclanera". El sobrero de Navalrosal de cinco años más que cumplidos, veleto, serio, musculado, y fino de cabos (cualidades que el picador Bernal percibió, sopesó y se ensañó con la puya) dio un susto al banderillero Carralejo y puso en orden de pericia la muleta del arandino que volvió a enterrar el acero suave y limpio, de muerte instantánea. Lo celebraron las castañuelas de "La Giralda".
El colorado de Octubre del 2003 y poco pitón que salió sexto, dejó un ole en la Veronica y un silencio en la vara. Comenzó Iván centrado en el centro, pero en la primera serie, un cite lo descubrió y la edad provecta del toro se lo llevó por delante. Taleguilla en trizas, alternó pases, sustos y esquivadas hasta que la espada volvió, rápida y fácil, a entrar en el hoyo de las agujas.
A las nueve y tres minutos se habían matado seis toros de estocadas en o alto, exactas como cuchillos, rápidas, limpias y fulminantes como balas. Matadores virtuosos libres de probaturas, tardanzas y martirios, mínimos en sufrimiento, maestros en la suerte suprema. Hace 200, 100, 50 años, los seguirían aplaudiendo.