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Buscar a los culpables de la crisis

Javier Zamora Bonilla
martes 30 de junio de 2009, 20:31h
En nuestra sociedad occidental está muy arraigado el concepto de culpa. Se ve muy claramente en él la idea cristiana del pecado original. El hombre ha nacido ya mancillado, por eso se confiesa pecador: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...” veía a las viejas maltratarse el pecho cuando de niño iba a misa. En la mentalidad calvinista, el concepto está aun más arraigado y la culpa no es sólo prenatal sino indeleble. Ante cualquier acontecimiento trágico, buscamos rápidamente al culpable. El ideal es individualizar la culpa, encontrar al pecador, pero también es cierto que en la sociedad de masas en que vivimos hemos aprendido a externalizar la culpa, ésta siempre la tiene otro, y en último término un otro no fácilmente identificable: el Estado, la sociedad, el sistema...

Siempre que sucede una catástrofe nos obsesionamos con encontrar un culpable, alguien tiene que tener la culpa, alguien tiene que asumir su responsabilidad, y generalmente hay un culpable, un responsable, mas en muchas ocasiones nuestro celo culpabilizador va más allá de la razón: no somos conscientes de la limitación humana, de que el hombre es un ser limitado, incapaz de controlarlo todo. Su limitación es doble, porque es limitado individualmente pero también socialmente: la sociedad tampoco puede controlarlo todo (incluso los totalitarios nunca han conseguido controlarlo todo, afortunadamente).

No es negativo encontrar al culpable, encontrar al que de alguna forma se responsabilice del daño causado. Es lo que busca el derecho penal, pero en este caso siempre con las garantías que impone la ley. No se trata de encontrar un culpable moral sino de penar a alguien concreto por la vulneración concreta de la norma.

La sentencia contra Madoff parece haber encontrado al culpable de la crisis financiera que sufrimos y ha intentado simbolizar en él ejemplarmente la pena que merece. No entro en el fondo del asunto ni en lo justo o injusto de la condena, aunque confieso (yo también he sido educado cristianamente) que me satisface que la estafa se pene como el más vil robo, pues en muchas ocasiones uno se sorprende de que quien ha robado una pizza sea condenado a varios años de cárcel porque golpeó a la víctima, es decir, utilizó la violencia, mientras que los que roban mucho con artimañas financieras, los que delinquen con manos blancamente enguantadas sólo pasan unos meses en prisión.

Pero no nos engañemos, Madoff es un estafador, un estafador de alto nivel y un ejemplo de lo que un sistema financiero podrido permitía, pero no es ni mucho menos quien puede simbolizar la crisis. Los que simbolizan la crisis son los altos ejecutivos que cobrando comisiones multimillonarias han llevado a algunas grandes empresas y grandes bancos a la quiebra, y no por esas comisiones multimillonarias que en el fondo son pecata minuta en comparación con los grandes riesgos que se han asumido con productos sobrevalorados para hacer crecer balances y poder cobrar las comisiones. El problema ha sido convertir el sistema financiero mundial en un gran casino y jugar inconscientemente como si las ganancias futuras estuviesen aseguradas.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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